domingo, 19 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA IV: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Cáceres

Viaje al pasado

Primer día y tal vez el único en el que no es necesario madrugar. Se suaviza la dura vida del turista, aunque en el desayuno comunitario hay carreras y empujones. La guía nos espera en el exterior para acompañarnos en el paseo por el casco histórico de Cáceres. Antes, y desde la plazuela delantera del palacio, nos explica que antaño fue usado como maternidad, entre otras funciones. Da gusto mirarlo a la luz de sol y alejarse para hacer alguna foto ilustrativa y curiosear una iglesia que hay enfrente, cerrada a cal y canto, la de Santiago, que intentaremos visitar a la tarde, cuando esté abierta al culto.


Adentrarse en el casco antiguo de la ciudad es como retroceder en el tiempo, viajar hacia atrás, internarse en una ciudad de murallas almohades, que se levanta con suavidad por callejas en leve cuesta hacia su centro mollar. Dos de las torres que flanquean el Arco de la Estrella, una de las puertas de la fortaleza, están ahora cubiertas de andamios para su restauración. A todos nos parece que es el lugar ideal para la foto de grupo, aquí sin apreturas, aprovechando que son pocos los turistas que a esta hora pasean por el lugar y que no llueve. En cualquier caso, en este "marco incomparable" es fácil situarse temporalmente siglos atrás. Como se puede apreciar en la foto, no parece que el fresco matinal nos esté afectando mucho.


Conforme nos metemos en el dédalo de callejuelas, los palacios, las portaladas, los escudos, las iglesias, las torres se van sucediendo, sin que apenas haya lugar a escuchar a la guía y a conseguir al tiempo la foto que queremos. Ella parece conocedora de los rincones que se han usado para el rodaje de series famosas. Esto a mí casi me da lo mismo, más atento a las huellas mudéjares, tardo góticas y platerescas de una ciudad que dejaba atrás su aspecto militar de época medieval, para albergar a la nobleza que apoyó a Carlos I, a pesar de que su abuela Isabel hubiera desmochado las torres que pudieran hacerle sombra a ella, la reina de Castilla. El palacio de los Toledo-Moctezuma, cuyo nombre ya es indicio de mestizaje, se alza poderoso, reestructurado en el s. XVI.




El convento de Sta. María de Jesús ocupa una parte del edificio, que llama la atención por sus torres disímiles y sus matacanes; la otra parte, conocida como palacio de los Golfines de Abajo (s. XVI), es ahora sede de la Diputación, una vez que fue desamortizado. Algo más allá, el Palacio de Mayoralgo, de simetría casi perfecta gracias a sus ventanas geminadas.



En lo alto de la colina se alzan dos torres blancas, que fueron de los jesuitas, aunque por poco tiempo. Y nos encaminamos hacia lo que es la entrada a una cisterna usada por la comunidad frailuna. Se halla una vez se pasa un pequeño museo con vestimentas de Semana Santa. Hay que bajar unas escaleras para llegar a la alberca donde se acumula el agua de lluvia bajo un lucernario que cede la luz hasta la hondura de la superficie estancada. Nos explican que, en la sala superior hay un pozo con agua de manantial, ésta sí limpísima, de la que bebían los monjes.




Deambular por callejas sin tráfico, estrechas como de zoco árabe y seguir tropezándose con edificios de solera en un rincón cualquiera, es una continua sorpresa. Así sucede con la Casa del Sol, o de los Solís, gótica del s. XV, que luce un escudo con un sol de rostro humano coronado por un yelmo bajo el alfiz y su correspondiente matacán semicircular. O una torre más allá, tapizada de un verde trepador que la realza. Y aún en otro recodo, el Palacio de la Generala, muy plateresco, hoy propiedad de la Universidad de Extremadura.



En la Plaza de S. Pablo nos damos un respiro, aprovechando el banco corrido de piedra adosado al muro de un convento. Y es el momento de posar de nuevo, con muchas risas, porque alguien propone agruparse como en el viejo juego de las chicas con las chicas y los chicos con los chicos. El gamberreo de la "cierta edad" suele ser bienvenido por todo el mundo.



Y al bajar de nuevo a la Plaza, nos separamos del grupo. Nosotros tenemos cita con mi ahijada María a la hora del café, así que volvemos al hotel y nos dedicamos a curiosear. Hay una sala que ejerce las funciones de biblioteca, donde encontramos unos cuadros que nos llaman poderosamente la atención. También en los pisos altos surgen las sorpresas. Dejo constancia aquí.



Nuestros compañeros se han subido al autobús y se han dirigido a las Bodegas Habla. Marisa ha concertado una cata de vinos, por lo que no creo que lo vaya a echar mucho de menos, ya que comemos un bacalhau a la portuguesa que me reconcilia con el mundo. Eso será hasta que regresen y nos enteremos de que la "cata" era un auténtico banquete lleno de exquisiteces y magníficamente presentado. Dejo la foto institucional delante del edificio. No quiero martirizarme con los "platillos" que sirvieron. Los encontraréis en las fotos de la página de la Asociación.


Nuestro reencuentro con mi ahijada María fue emocionante hasta las lágrimas. Fuimos a conocer "El Atrio", que casi abrió para nosotros. Estábamos solos en torno a unos cafés. El espacio y el tiempo dieron lugar para rememorar, ponernos al día y vaticinar futuros prometedores. Nos acompaña de regreso a la Plaza, donde se está preparando un festival nocturno con un enorme escenario para la noche de mañana. Las terrazas están atestadas, parece un lugar distinto al que disfrutamos por la mañana. Y en el hotel, con un sol poniente que ya no hiere la vista, algunos se sientan a beber algo y yo echo una carrera para entrar en la iglesia de Santiago, donde descubro un retablo barroco imponente de A. de Berruguete. Las fotos son cortesía del Sr. Arenillas.


Ya solos, nos planteamos una cena sobria de tostada con jamón y cervecita, en un momento apacible tras un día tan intenso. No sé si el resto podrá tomar algo. Nosotros nos retiramos por el foro.



José Manuel Mora. 










miércoles, 15 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA III: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Monfragüe


Under the rain

Salimos entre alcornocales y encinas y vemos unos pantanos que son de los más extensos de España. Llueve. Lo que eran lomas suaves en las dehesas del sur, ahora se van levantando en formas extrañas de piedra arañada por la mano de los siglos. Sigue lloviendo cuando llegamos al Centro de Interpretación de la Reserva de Monfragüe. El edificio es de un diseño arquitectónico novedoso, con espacios diversos explicativos dedicados a aves, ungulados, nidos... Fotos, explicaciones textuales accesibles, materiales tomados de la naturaleza... La verdad es que harían falta un par de horas para recorrerlo con provecho. Como no las tenemos, nos proyectan un vídeo de imágenes bellísimas, que resume lo que el Parque contiene.




Volvemos hacia el bus bajo una lluvia cada vez más inclemente. Seguimos culebreando junto a un Tajo gris y denso, con una niebla espesa que cubre el horizonte, mientras las riberas se van levantando y convirtiéndose en riscos imposibles que se despeñan hasta el agua. Paramos en el mirador del Gitano. Hay que bajar con paraguas porque la lluvia sigue inmisericorde.



Nos espera un guía sobradamente preparado que nos provee de prismáticos para poder acercar la visión a las pocas aves que se animan a sobrevolar las cumbres; hay buitres negros, leonados, águilas reales. Resulta casi imposible protegerse con los paraguas, al tiempo que se intenta fotografíar y escuchar las interesantes explicaciones sobre tipología de aves, su envergadura, su modo de vuelo, sus costumbres de emparejamientos perpetuos, cuidado de los polluelos para que las águilas no se los lleven en el pico, los turnos de alimentación, la nidificación... De repente, en lo alto de un picacho, vemos un buitre quieto con las alas plegadas, imperturbable, como parte de la roca en la que está encaramado. Debe de ser una gozada poder disfrutar de todo esto con tiempo soleado. En nuestras condiciones, acabamos por pedirle que termine la explicación dentro del autobús, donde llegamos empapados.


La jara, la retama, el cantueso, cada una con sus flores de color característico, que naturalmente soy incapaz de identificar, adornan las repechos del camino entre nogales y alcornoques. Se nos dice que en un posible incendio de sexta generación como los del verano pasado, todo quedaría arrasado, a pesar de la especial protección de la que goza el Parque. El descuido de los terrenos de las fincas de los terratenientes se debe a su desinterés, ya que parecen ser usadas para cuestiones cinegéticas, como el dueño de Quirón Salud, que posee una de las más extensas de la zona. No se invierte lo que sería necesario para mejorar las dehesas y sólo se pretende obtener los beneficios que las monterías y las fiestas les producen.



En Monroy, donde paramos a comer, Marisa se ha puesto exigente con mis digestiones y me ha pedido menú especial: revuelto de trigueros y lubina a la plancha. Los demás disfrutan de lo que cada uno eligió, gracias a las buenas artes de la Vice, a quien le gusta llevar todo atado y bien atado, aunque eso la cargue de trabajo: picaeta, migas con torreznos, carne o pescado y postre exquisito, regado por buenos vinos, por lo que el barullo va en aumento. Casi sin tiempo para cafés, salimos por una carretera estrecha de curvas endiabladas y bajamos hasta la orilla del Tajo, a un pequeño embarcadero, el de Serradilla. Hay un conflicto con el número de pasajeros y Marisa se ofrece a quedarse en tierra. Sin ella en la pasarela no hubiéramos tenido la foto que dejo. La finalidad del paseo en la barcaza es poder observar animales de los que habitan en las márgenes, tanto aves como ungulados. Ha dejado de llover y tampoco hace mucho frío, con lo que incluso podemos reír con los chascarrillos del patrón. Pero es cierto que animales vemos dos apenas. Es cierto también que unos buitres en bandada parecen dirigir su vuelo hacia una presa que no vemos. Con eso nos conformamos.



Tras hora y media de navegación sosegada, regresamos a tierra para subir hasta el pueblo, Serradilla, cuyo santuario alberga el Cristo de la Victoria. Se tarata de un convento de clausura monjil. La talla tiene fama de milagrera, por lo que es muy venerada por las gentes del lugar. El altar mayor es de madera forrada de pan de oro, recargadísimo. Se puede acceder al camarín para ver de cerca al Cristo Bendito, apoyado en la cruz, una bella talla barroca que se refleja en espejos para verla desde diferentes ángulos.



Sale por fin el sol hacia poniente, cuando ya vamos en dirección a Cáceres. El centro es peatonal y el bus nos deja en la "frontera". Desde allí vamos a pie, atravesando la Plaza Mayor en dirección al Hotel Palacio de Godoy, de la cadena Hilton. La sorpresa es mayúscula cuando, al entrar, nos encontramos en un edificio renacentista que ha sido cuidadosamente restaurado. Una de sus torres laterales acoge un balcón esquinado, frecuentes por aquí, muy plateresco. El interior se organiza en torno a un patio con arcadas y tragaluz. Las paredes acogen la exposición temporal de un pintor. La madre del dueño es galerista.


Dejamos al resto de viajeros acomodándose y, a pesar del cansancio, salimos a abrazar a una muy querida amiga que vive por aquí y que acaba de enviudar. El momento es especialmente emotivo. Y, al hotel de nuevo. Menos mal que mañana no hay que madrugar.


José Manuel Mora.










martes, 14 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA II: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Mérida-Badajoz



Roma desenterrada

El día se inicia con un recorrido panorámico por Mérida, para que nos hagamos una idea de la ciudad desde el autobús. Hay viajeros todavía con cansancio del largo trayecto de ayer, que no van a ver mucho desde sus ventanillas. Hay una leve amenaza de lluvia (nuestros héroes todavía no saben lo que les espera). Alguna de las cosas que se van a perder son: el acueducto de S. Lázaro, de tiempos romanos, dos pisos y extremadamente largo; otro del que quedan sólo vestigios, el de los Milagros; uno más moderno de nuestro paisano, Calatrava, que salta limpiamente el Guadiana; el antiguo circo romano, ahora un espacio rectangular tapizado de verde césped... No quiero aburrir.





Y así, Francisco, nuestro conductor, nos deja a tiro de piedra del Museo Romano, obra del gran arquitecto R. Moneo. Desde allí nos encaminamos hacia las ruinas de lo que luego sabremos que es la parte trasera del teatro. Pero antes vamos a visitar el circo, donde se producían combates imposibles de gladiadores, y entre ellos y las fieras, ante un público al que se contentaba con el clásico panem et circenses, y que se situaba en las gradas según su clase social. Las explicaciones de nuestra guía, Encarna, son curiosas, pertinentes, y muchas de ellas vienen a modificar tópicos de la filmografía "jolivudense" de las pelis "de romanos". No quiero pasar al teatro sin dejar constancia de un árbol que no sé si forma parte del decorado, tal es su belleza.





Muy cerca se halla el teatro del s. I a.n.e., muchos siglos sepultado, recuperado y restaurado tras la excavación que lo descubrió entre 1910 y 1915. La Xirgu, durante un viaje hacia Badajoz donde actuaba, quedó impresionada ante el teatro. Desde 1933 comenzaron en él las representaciones y actuó en una obra de Séneca. Cuando nos situamos frente a él, tenemos una grúa en tareas, ¿de limpieza?, que impide que se puedan captar panorámicas sin su presencia actual. Rafael me enseña a borrar, gracias a la IA, lo que molesta en una toma determinada, y sin salir de mi asombro, consigo que se aprecie el lugar de forma parecida a como se muestra en las fotos promocionales del Festival de Teatro, que tanto aporta a la cultura del país y a la economía de la ciudad. Parece el sitio adecuado para un posado conjunto luciendo las camisetas del aniversario. Rafael Buisan suda lo que no está en los escritos hasta conseguir situarnos a todos del mejor modo posible. En la parte trasera están las letrinas y la escultura de la Xirgu.





Si ya nos deslumbró la primera vez que lo visitamos hace años ahora, con nuestra guía explicando cada sector, la admiración va en aumento. Aquí todas las piezas son originales. El uso del ladrillo dota de uniformidad y armonía al conjunto y da un aire "romano" a la edificación, monumental, debido a la inclusión de una columna en la sala principal, que obligaba a dar altura a los techos, con lucernarios que dejan pasar la claridad. Todos quedamos asombrados ante los colosales mosaicos parietales, que originariamente estaban dispuestos en el suelo de las casas patricias, unos geométricos, otros con figuras, como el de la cuadriga.





Y vamos ya al restaurante, el Cachicho, donde provocamos una auténtica conmoción. Mientras todos comen auténticas delicatessen, yo me tengo que someter a la estricta dieta asignada por Marisa: pollo plancha y arroz blanco. El ambiente es como suele, festivo y más, tras los vinos que se toman quienes pueden. Luego volvemos al Parador, donde nos espera Francisco para llevarnos a Badajoz. Tengo idea de haber estado allí de pasada. Si lo hice, no guardo recuerdo. El guía nos espera ante la Puerta de Palmas (s. XVI), una de las que en la muralla protegían la entrada y salida de la ciudad, encarada al puente que lleva su mismo nombre y que es de la misma época. Salta con solidez sobre el Guadiana. La puerta es monumental, con dos torres almenadas que flanquean un gran arco. Su función era militar, dado el número de combates que la ciudad padeció en sucesivas guerras. Sirvió también como cárcel hasta el siglo pasado. Los medallones en la parte trasera retratan al emperador Carlos y a su madre, Juana de Castilla y bajo ellos el almohadillado en casetones, típico renacentista.



Nos adentramos en la parte nueva de la ciudad. Nos encontramos con edificios llamativos. Uno de ellos tiene un aire moruno, neomudéjar, monumental, dedicado en tiempos a comercio. Ha sido restaurado y luce atrayente por sus formas y colores, sus balconadas de forja, sus arcos lobulados y una torre que es casi una giraldilla. Enfrente, una extraña iglesia de tres plantas, lo que es poco habitual, toda blanca. Y a su lado, compitiendo en blancura, otro que es ahora un hotel, cuidadosamente repintado, antigua tienda de juguetes y ahora cafetería, "Las tres campanas" (1899), en cuya planta baja, muy art nouveau, se encuentra el primer ascensor que se montó en Badajoz. En medio de la sala de dos alturas, un hueco helicoidal que sube hasta el ojo de luz natural allá en lo alto, con forma de claraboya de cristal.



Y comenzamos la ascensión por callejas estrechas de aire andalusí, mientras el aroma a azahar se descuelga sobre nuestras cabezas. Vamos a la alcazaba hispano-árabe (ss. IX al XIII), la más grande de Europa. Fue luego fortificación cristiana, nada menos que 1300 metros de muralla que se ha ido restaurando hasta casi la actualidad. Se penetra en ella a través de la llamada Puerta Capitel, con forma de herradura. Desde su paseo almenado se divisa el río y alguno de sus puentes. Al otro lado, La Raya, término con el que se conoce aquí a la frontera con Portugal, país al que se puede cruzar caminando en dirección a Elvas, con la que siempre hubo rivalidad. Desde que formamos parte de la U.E. todo eso se ha ido desvaneciendo y hay un aire de confraternización entre ellas. En el interior de la fortaleza, lo que fue Hospital Militar es ahora la Biblioteca de Extremadura y la facultad de Biblioteconomía, lo que me retrotrae a mí época de profesor de la materia en el Módulo que da nombre al blog.




Volvemos a salir en dirección a la parte alta de la ciudad, anteriormente zona muy degradada. Que el Ayuntamiento decidiera rehabilitar la Plaza Alta y ubicar en ella residencias de estudiantes y organismos oficiales, ha transformado por completo el espacio. Llaman la atención las conocidas como Casas Coloradas. Está toda porticada, ya que en ella se ubicaba un antiguo mercadillo. Al fondo se alza una torre octogonal, llamada de Espantaperros y en la que se inspiró la Torre del Oro sevillana. Badajoz celebra uno de los carnavales más importantes de España y también acoge la juntada de los "palomos cojos", que atrae a población gay a pasarlo bien en el mes de junio. Lo que fue una salida de tono del alcalde de entonces, se ha convertido en Fiesta de Interés Turístico Regional, con todo lo que eso conlleva. Ya parece que no molestan a nadie, antes bien son muy bien venidos. Quedan pintadas reivindicativas.





Y conforme vamos bajando hacia el autobús, con una leve llovizna sobre nosotros, aún hay tiempo de descubrir la Plaza de la Catedral, edificios finiseculares y la curiosidad de una escalera en el interior de una manzana que pertenece a la Diputación. No hay tiempo ya para detenerse, puesto que aún tenemos que regresar a Mérida.




Tras todo este relato y con la lluvia arreciando tras los cristales del limpiaparabrisas, se entenderá que la gente se disperse por las habitaciones en busca del merecido descanso.

José Manuel Mora.

P.S. Por no liar más la cosa, casi todas las fotos que pongo aquí son las que yo mismo he disparado, salvo alguna que he birlado del "guasa" comunitario. Seguro que Montse, los Rafas y tutti quanti las tendrán más bonitas. No me quiero complicar más, que bastante largo y pesado he sido ya.