domingo, 28 de junio de 2026

Viaje a los Balcanes III


Albania, capital, Tirana

El desayuno es casi fastuoso. A las ocho estamos en marcha para una visita guiada a pie, que procuramos hacer aprovechando la sombra de la arboleda del bulevar por el que transitamos. Llama poderosamente la atención la convivencia de mamotretos del periodo del dictador, de carácter racionalista, aquellos que fueron o siguen siendo sedes de organismos oficiales, con otros de factura "moderna", de formas y colores novedosos que no sé si acaban de gustarme. El tráfico sigue igual de infernal que anoche. A modo de ilustración dejo aquí unas cuantas tomas de lo que me parece más llamativo.



Aunque la guía nos señala la localización de la plaza del héroe Skanderberg, como luego tendremos un rato de tiempo libre, la dejamos a un lado para ir directos a visitar el primero de los 1.700 búnkeres que Enver Hoxa, el dictador que recluyó al país hasta casi hacerlo desaparecer del conjunto de Europa, mandó construir para protegerse de su paranoia. Pensaba que podía ser atacado en cualquier momento y lugar, y necesitaba "protección": es un búnker antiaéreo. Descendiendo por una angosta escalera, entramos a uno que se ha convertido en un auténtico museo de los horrores. En cada una de las 24 habitaciones encontramos toda la parafernalia para torturar, para espiar, para matar a los posibles disidentes. No hacía falta que se probara que lo eran. Su dictadura fue terrible y estuvo apoyada por el régimen de Moscú, luego por el de China y quedó encerrada por fin en sí misma, confiscando propiedades para enriquecer al régimen. Todo se aceptó porque bajo su mandato se había conseguido la ansiada independencia. Salgo de allí con el vello de punta, como tras ver una película de terror.



Y nos llevan a visitar la catedral ortodoxa más grande del país (de fer-la, fer-la grossa, debieron de pensar en los años 90, cuando se levantó). La cúpula alcanza los 32 m. de altura y el torreón-campanario, a su lado, la supera con mucho. Su interior es amplio, con el iconostasio pertinente y un pantocrátor que ocupa la bóveda.





Algo más allá y como en una competición para creyentes, se sitúa una de las mezquitas más grandes que hemos visto. Antes de entrar, nos fijamos en la fuente de las abluciones. Cuando penetramos, las proporciones azules logran apabullarnos. Casi podría sentirse uno en cualquiera de las de Estambul, sin llegar a Hagia Sofia, claro. En un rincón, aislado y metido en sí mismo, un orante debe de experimentar la pequeñez de su pobre humanidad ante tanta grandeza.




Y acabamos en la plaza del héroe, montado en su caballo en plena cabriola. Es un espacio extenso, rodeado de arbolado, por el que la gente deambula de un lado a otro, en esta ciudad viva y caótica. Al fondo, una especie de edificio oficial, con un gran mosaico en el frontispicio que me trae a la cabeza Il Quarto Stato, símbolo icónico de aquella peli que tanto me conmovió, Novecento.




Hay una pequeña mezquita muy cerca, con cola de gente y óbolo necesario para entrar, así que desistimos: sin embargo luego resulta que el grupo tenía una visita concertada, con lo que entramos sin impedimento. Se trata de la Mezquita de Et'hem Bey (1789-1823), de planta cuadrada, con unos frescos en el pórtico y en su interior, con elementos de la naturaleza, cosa poco frecuente en el arte islámico. Se cerró al culto durante la dictadura, pero durante las revueltas de 1991, unas 10.000 personas penetraron en su interior sin permiso y fue uno de los factores que influyó en la caída del régimen, lo que la convirtió en un auténtico símbolo.




En el bus me dedico a dormitar, hasta llegar a Berat, considerada la ciudad más antigua del país; un numeroso grupo de casitas trepan la ladera, o descienden hacia el valle, según se mire. Comemos en una especie de taberna con un servicio rápido y amable, un menú tradicional que no me puedo acabar. Termino necesitando mi becaeta. No tengo vergüenza. Me despierto recuperado y nos ponemos a bailar sobre la plancha de cristal del suelo, que deja ver herramientas y objetos cotidianos de épocas pasadas. El bus nos sube a visitar su castillo-fortaleza, una ciudadela del s. IV a. C. La rampa que lleva hasta arriba es empinada y resbaladiza. Está situada en lo alto de la colina que mira al sur, desde la que se divisa todo el valle y la otra media ciudad frontera.




Dentro de la muralla encontramos la catedral de la Dormición de Sta. María, originaria del s. XIII, pero reformada en el XVIII. Es de estilo bizantino y llama poderosamente la atención el iconostasio de madera y un suelo conformado con mosaico marmóreo.





En la propia catedral se halla el Museo Nacional de Onofriu, autor de iconos durante el s. XVI, considerado como el mejor en su género. Aunque la guía intenta ir comentando los más importantes, somos más de visitar los museos deteniéndonos allá donde nuestra atención se fija. Y eso es lo que hace la mayoría del grupo.



Desde lo más alto de la colina tenemos una hermosa panorámica de la que denominan "ciudad de las mil ventanas", con sus barrios separados, uno otomano y otro ortodoxo, a un lado y al otro del río, que fluye mansamente entre arenas doradas. Las iglesias y las mezquitas indican de que lado está cada comunidad.



Y por fin al Hotel Capitol, en la parte nueva de la ciudad, no muy lejos del paseo que lleva hasta la orilla del río. La fachada es un poco apabullante, con su columnata de estilo corintio, de aires claramente pretenciosos. Tampoco el interior se queda atrás. Sin embargo la plaza a la que hace frente es espaciosa y luce minarete y campanario a cada lado, una buena síntesis.



Ducha, afeitado y salida a un atardecer templado, a lo largo del paseo peatonal, lleno de terrazas y paseantes. Es una gozada caminar sin cláxones ni patinetes, como antiguamente hacíamos. Al llegar al río, los "chicos" sólo, decidimos cruzarlo y continuar por el otro lado de la ribera, desde el que se tiene una vista panorámica. Algunas de nuestras compañeras viajeras, más diligentes, vuelven cuando nosotros vamos.






La charla amigable y distendida, las fotos, las panorámicas de esta ciudad provinciana y viva, nos llevan hasta lo que no sabemos si es el final del paseo. Algunos quieren adentrarse entre el dédalo de callejones estrechos y empinados para captar el ambiente más recóndito de esta parte de la ciudad. Cenamos en un lugar tranquilo verduritas asadas unos, y otros, hamburguesas. Y el regreso se hace casi obligatorio.



Al final mi teléfono me dice que hemos caminado 14 kms a lo largo de todo el día. Es la dura vida del turista, ya se sabe.

José Manuel Mora.

P.S. El siguiente capítulo tendrá que esperar. En Fogueres no hay quien tenga tranquilidad para escribir. Sorry


































sábado, 27 de junio de 2026

Viaje a los Balcanes IV



Hacia el sur de Albania

En los viajes, debido a los madrugones y a las prisas, pasan cosas. Estaba aprovechando el tiempo con la bitácora y, cuando han dado la voz de marcha, he salido corriendo y me he dejado mi sombrero "de paja de Italia" (referencia teatral francesa, désolé). En un par de horas llegamos a Apolonia, asentamiento helenístico del s. II d. C, del que se ha excavado tan sólo un 7% y del que se perdieron restos al agujerear la tierra para los famosos búnkeres de Hoxa, tarea que se había iniciado antes con un terremoto en el s. IV. Con todo, es el mayor parque arqueológico de Albania y ante el frontón del templo de Artemisa, con su columnata corintia, toca foto institucional. Más allá un teatro semicircular, que no tiene todos los escaños.



Cerca hay un pequeño museo que guarda piezas extraídas de la excavación: urnas, esculturas, cerámicas, vidrio... Todo pequeño y bello. Nos dejan luego un rato para poder tomar un café o unas cerves, según preferencias. A la sombra de la balconada donde nos encontramos, podemos disfrutar de un aire agradable que nos relaja. Tenemos luego un par de horas por delante sentados en el bus hasta llegar al lugar donde vamos a comer. Poco a poco el paisaje se va levantando y desde lo alto se divisa la isla de Sazan, que está provocando un conflicto social por las protestas populares que está causando su venta a la hija de Trump, que pretende convertirla en un espacio turístico privado. Más allá, en la distancia, creemos que es otra isla, pero se trata de la península de Karaburun, en la que se alzan picachos de hasta 2000 m. de altura, el monte Çika. El panorama se va convirtiendo en una costa tan degradada como la de Finestrat o Calpe: Zonas antes llenas de vegetación, ahora están repletas de obreros levantando casas de un millón de euros. Una locura.



Llegamos entonces a una terraza en Porto Salerno, un porche aireado y luminoso donde nos sirven ensalada, lubina asada que a mí me está buenísima y panna cotta con miel. Después el imprescindible macchiato. Nos dirigen hacia una fortaleza triangular en forma de estrella. La mandó construir Ali Pasha, señor de la guerra. Nos cuentan que la levantó en el XIX para encerrar a una jovencita de la que se había enamorado. Al acceder tenemos libertad para movernos y pasar de las mazmorras al harén o a los arsenales. Se suceden arcadas, ventanas estrechas que dejan el interior en penumbra, incluso la habitación del Pasha. La estructura total del conjunto arquitectónico es de piedra maciza. Desde lo alto de la fortaleza hay una bella panorámica del mar Jónico.


Y con una hora y media más de autobusito, entre montañas cada vez más altas, cuajadas de olivos apretados, pasamos un largo túnel que nos deja del lado sur del país, entre construcciones de los años setenta que crecen sin sentido y conforman pueblos apretados  y feúchos. En el horizonte lejano se perfila ya la isla griega de Corfú.


Llegamos por fin a Sarandë. Muchas de las habitaciones abren sus ventanales a la bahía. Cada uno a su ritmo, una vez aseados, vamos bajando al paseo peatonal que bordea la playa, como otro Postiguet, pero lleno de bares y restaurantes.



El que ha recomendado la guía es el Limani. Y la disfrutamos al igual que los que nos precedieron y animaron en la elección. De regreso nos encontramos con otros compas que han optado por otro tipo de cena en otros lugares. Anuncian lluvias para mañana.


José Manuel Mora.












jueves, 25 de junio de 2026

COMIDA DE FIN DE CURSO CELEBRACION DEL 25 ANIVERSARIO

 

La Asociación del Alumnado y Alumni de la Universidad Permanente de la Universidad de Alicante celebró su 25.º aniversario en una emotiva jornada de convivencia junto a socios, autoridades académicas y amigos de la UPUA.

El pasado 18 de junio de 2026, en el restaurante Espacio Pópuli de la Albufereta, celebramos una cita muy especial: la comida conmemorativa del 25.º aniversario de la Asociación del Alumnado y Alumni de la Universidad Permanente de la Universidad de Alicante (AAUPUA).

Fue una jornada entrañable, llena de reencuentros, sonrisas y recuerdos compartidos, en la que pudimos celebrar juntos un cuarto de siglo de historia, convivencia y compromiso con los valores de la Universidad Permanente. La excelente comida, el ambiente festivo y, sobre todo, la magnífica compañía de socios, socias, amigos y representantes institucionales hicieron de este encuentro un momento inolvidable.


Uno de los aspectos más emocionantes de la jornada fue contar con el respaldo y la cercanía de la Universidad de Alicante, que quiso acompañarnos en una fecha tan significativa. Nos honraron con su presencia la Rectora, Amparo Navarro Faure; la Vicerrectora de Formación Permanente y Lenguas, Rosabel Roig Vila; el Vicerrector de Estudios y Calidad, Francisco Torres Alfonso; y la Directora de la Universidad Permanente, María Amparo Alesón Carbonell. También nos acompañaron nuestros socios de honor, Concha Bru Ronda y Daniel Riera Moll.


La Rectora de la Universidad de Alicante, Amparo Navarro Faure, abrió las intervenciones recordando que la Universidad de Alicante celebrará en tres años su 50.º aniversario. Destacó el papel transformador que la institución ha desempeñado en la democratización del acceso a la educación superior en nuestra provincia y puso en valor la labor de la Asociación como embajadora y altavoz de las iniciativas y valores de la Universidad de Alicante.


Por su parte, la directora de la Universidad Permanente, María Amparo Alesón Carbonell, reafirmó su compromiso de seguir contando con las aportaciones y la experiencia del alumnado mayor para continuar mejorando y fortaleciendo una comunidad universitaria cada vez más amplia y diversa. También felicitó a la Asociación por sus 25 años de trayectoria y destacó el magnífico ambiente que se respiraba durante la celebración.


Seguidamente intervino el presidente de la Asociación, Rafael Arenillas Antón, felicitó a todos los asistentes y destacó la alegría que reflejaban los rostros de quienes llenaban el salón, una imagen que recompensa el esfuerzo y la dedicación de la Junta Directiva y de todas las personas que, a lo largo de estos años, han contribuido al crecimiento de nuestra Asociación.

Rafael recordó también los orígenes de la AAUPUA y su estrecha vinculación con la Universidad Permanente de la Universidad de Alicante, con la que ha caminado siempre de la mano. La UPUA, que celebró su 25.º aniversario hace dos años, es la universidad para mayores más veterana de España y un referente para numerosos programas universitarios nacionales e internacionales dirigidos a personas mayores.

Nuestra Asociación nació en 2001, la UPUA en 1999 y, en este año tan especial, ha dado también un importante paso adelante renovando sus estatutos y adaptándolos a la nueva legislación universitaria y asociativa. Desde entonces, pasamos a denominarnos oficialmente Asociación del Alumnado y Alumni de la Universidad Permanente de la Universidad de Alicante (AAUPUA), reforzando así su papel como entidad representativa de todo el alumnado de la Universidad Permanente.

La Asociación continúa trabajando estrechamente con la Directora de la UPUA Marian Alesón, para enriquecer la experiencia universitaria de sus estudiantes. Fruto de ese compromiso, durante el curso 2025-2026 se han organizado 36 actividades culturales, viajes y propuestas formativas, en las que han participado más de 1.950 personas. Actividades que no solo fomentan el aprendizaje permanente, sino también la amistad, el bienestar, el envejecimiento activo y el crecimiento personal.

El presidente quiso dedicar unas palabras de reconocimiento a quienes han hecho posible esta trayectoria. Recordó a los tres directores que ha tenido la Universidad Permanente desde su creación —Emilio Soler, Concha Bru Ronda y María Amparo Alesón Carbonell— y a los presidentes que han liderado la Asociación a lo largo de estos años: María Luisa Mataix, Daniel Riera Moll y él mismo.

Un momento especialmente significativo fue el reconocimiento que Rafael Arenillas dedicó a todos los integrantes de la Junta Directiva, agradeciendo públicamente y destacando el trabajo voluntario, silencioso y constante que realizan durante todo el año. Un equipo comprometido para que la Asociación siga creciendo y ofreciendo oportunidades de encuentro, actividades de calidad y participación a sus socios y socias.



Mencionó a la vicepresidenta Marisa Muñoz Biedma; a la secretaria Alicia Moreno de Carlos de la Torre; al tesorero José Gil Polo; a José Manuel Mora Carbonell, responsable de numerosas actividades culturales; a Isabel Capitán Valvey, María Consolación López Vargas y Carmen Esteve Martínez por su labor de atención a los asociados; y a las nuevas incorporaciones, Vicenta Roig Alcover y Vicenta Osa Moreno, cuya colaboración ya está enriqueciendo el trabajo de la Asociación. Asimismo, destacó la valiosa colaboración de Rafael Buisán en la realización de reportajes fotográficos y audiovisuales de las actividades.

Como cierre de este reconocimiento, el Presidente animó a los asistentes a participar activamente en la vida de la Asociación y a considerar en el futuro su incorporación a la Junta Directiva. Recordó que el trabajo que realizan sus miembros es completamente voluntario y altruista, y que garantizar el relevo generacional es fundamental para seguir construyendo una Asociación dinámica, participativa y al servicio de toda la comunidad universitaria.







Uno de los momentos más emotivos llegó cuando una socia tomó la palabra para agradecer el trabajo realizado por la Junta Directiva, destacando especialmente la dedicación de la vicepresidenta, Marisa Muñoz Biedma y del presidente, Rafael Arenillas, por su cercanía, capacidad organizativa y atención permanente a las necesidades de los asociados.

La celebración concluyó con la entrega de varios obsequios a los asistentes de honor y con un divertido sorteo sorpresa ofrecido por la agencia de viajes Nuestro Pequeño Mundo. La suerte quiso que una de nuestras socias resultara ganadora de un premio de 300 euros para disfrutar de un futuro viaje.





La comida del 25.º aniversario ha sido mucho más que una celebración. Ha sido un homenaje a la amistad, al aprendizaje a lo largo de la vida, al compañerismo y a todas las personas que han construido esta gran familia universitaria durante estos veinticinco años.

Gracias a todos los que habéis formado parte de esta historia y, de manera muy especial, a Rafael Arenillas y Marisa Muñoz por su dedicación y liderazgo.

¡Veinticinco años bien cumplidos y un futuro lleno de proyectos por compartir!