miércoles, 15 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA III: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Monfragüe


Under the rain

Salimos entre alcornocales y encinas y vemos unos pantanos que son de los más extensos de España. Llueve. Lo que eran lomas suaves en las dehesas del sur, ahora se van levantando en formas extrañas de piedra arañada por la mano de los siglos. Sigue lloviendo cuando llegamos al Centro de Interpretación de la Reserva de Monfragüe. El edificio es de un diseño arquitectónico novedoso, con espacios diversos explicativos dedicados a aves, ungulados, nidos... Fotos, explicaciones textuales accesibles, materiales tomados de la naturaleza... La verdad es que harían falta un par de horas para recorrerlo con provecho. Como no las tenemos, nos proyectan un vídeo de imágenes bellísimas, que resume lo que el Parque contiene.




Volvemos hacia el bus bajo una lluvia cada vez más inclemente. Seguimos culebreando junto a un Tajo gris y denso, con una niebla espesa que cubre el horizonte, mientras las riberas se van levantando y convirtiéndose en riscos imposibles que se despeñan hasta el agua. Paramos en el mirador del Gitano. Hay que bajar con paraguas porque la lluvia sigue inmisericorde.



Nos espera un guía sobradamente preparado que nos provee de prismáticos para poder acercar la visión a las pocas aves que se animan a sobrevolar las cumbres; hay buitres negros, leonados, águilas reales. Resulta casi imposible protegerse con los paraguas, al tiempo que se intenta fotografíar y escuchar las interesantes explicaciones sobre tipología de aves, su envergadura, su modo de vuelo, sus costumbres de emparejamientos perpetuos, cuidado de los polluelos para que las águilas no se los lleven en el pico, los turnos de alimentación, la nidificación... De repente, en lo alto de un picacho, vemos un buitre quieto con las alas plegadas, imperturbable, como parte de la roca en la que está encaramado. Debe de ser una gozada poder disfrutar de todo esto con tiempo soleado. En nuestras condiciones, acabamos por pedirle que termine la explicación dentro del autobús, donde llegamos empapados.


La jara, la retama, el cantueso, cada una con sus flores de color característico, que naturalmente soy incapaz de identificar, adornan las repechos del camino entre nogales y alcornoques. Se nos dice que en un posible incendio de sexta generación como los del verano pasado, todo quedaría arrasado, a pesar de la especial protección de la que goza el Parque. El descuido de los terrenos de las fincas de los terratenientes se debe a su desinterés, ya que parecen ser usadas para cuestiones cinegéticas, como el dueño de Quirón Salud, que posee una de las más extensas de la zona. No se invierte lo que sería necesario para mejorar las dehesas y sólo se pretende obtener los beneficios que las monterías y las fiestas les producen.



En Monroy, donde paramos a comer, Marisa se ha puesto exigente con mis digestiones y me ha pedido menú especial: revuelto de trigueros y lubina a la plancha. Los demás disfrutan de lo que cada uno eligió, gracias a las buenas artes de la Vice, a quien le gusta llevar todo atado y bien atado, aunque eso la cargue de trabajo: picaeta, migas con torreznos, carne o pescado y postre exquisito, regado por buenos vinos, por lo que el barullo va en aumento. Casi sin tiempo para cafés, salimos por una carretera estrecha de curvas endiabladas y bajamos hasta la orilla del Tajo, a un pequeño embarcadero, el de Serradilla. Hay un conflicto con el número de pasajeros y Marisa se ofrece a quedarse en tierra. Sin ella en la pasarela no hubiéramos tenido la foto que dejo. La finalidad del paseo en la barcaza es poder observar animales de los que habitan en las márgenes, tanto aves como ungulados. Ha dejado de llover y tampoco hace mucho frío, con lo que incluso podemos reír con los chascarrillos del patrón. Pero es cierto que animales vemos dos apenas. Es cierto también que unos buitres en bandada parecen dirigir su vuelo hacia una presa que no vemos. Con eso nos conformamos.



Tras hora y media de navegación sosegada, regresamos a tierra para subir hasta el pueblo, Serradilla, cuyo santuario alberga el Cristo de la Victoria. Se tarata de un convento de clausura monjil. La talla tiene fama de milagrera, por lo que es muy venerada por las gentes del lugar. El altar mayor es de madera forrada de pan de oro, recargadísimo. Se puede acceder al camarín para ver de cerca al Cristo Bendito, apoyado en la cruz, una bella talla barroca que se refleja en espejos para verla desde diferentes ángulos.



Sale por fin el sol hacia poniente, cuando ya vamos en dirección a Cáceres. El centro es peatonal y el bus nos deja en la "frontera". Desde allí vamos a pie, atravesando la Plaza Mayor en dirección al Hotel Palacio de Godoy, de la cadena Hilton. La sorpresa es mayúscula cuando, al entrar, nos encontramos en un edificio renacentista que ha sido cuidadosamente restaurado. Una de sus torres laterales acoge un balcón esquinado, frecuentes por aquí, muy plateresco. El interior se organiza en torno a un patio con arcadas y tragaluz. Las paredes acogen la exposición temporal de un pintor. La madre del dueño es galerista.


Dejamos al resto de viajeros acomodándose y, a pesar del cansancio, salimos a abrazar a una muy querida amiga que vive por aquí y que acaba de enviudar. El momento es especialmente emotivo. Y, al hotel de nuevo. Menos mal que mañana no hay que madrugar.


José Manuel Mora.










martes, 14 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA II: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Mérida-Badajoz



Roma desenterrada

El día se inicia con un recorrido panorámico por Mérida, para que nos hagamos una idea de la ciudad desde el autobús. Hay viajeros todavía con cansancio del largo trayecto de ayer, que no van a ver mucho desde sus ventanillas. Hay una leve amenaza de lluvia (nuestros héroes todavía no saben lo que les espera). Alguna de las cosas que se van a perder son: el acueducto de S. Lázaro, de tiempos romanos, dos pisos y extremadamente largo; otro del que quedan sólo vestigios, el de los Milagros; uno más moderno de nuestro paisano, Calatrava, que salta limpiamente el Guadiana; el antiguo circo romano, ahora un espacio rectangular tapizado de verde césped... No quiero aburrir.





Y así, Francisco, nuestro conductor, nos deja a tiro de piedra del Museo Romano, obra del gran arquitecto R. Moneo. Desde allí nos encaminamos hacia las ruinas de lo que luego sabremos que es la parte trasera del teatro. Pero antes vamos a visitar el circo, donde se producían combates imposibles de gladiadores, y entre ellos y las fieras, ante un público al que se contentaba con el clásico panem et circenses, y que se situaba en las gradas según su clase social. Las explicaciones de nuestra guía, Encarna, son curiosas, pertinentes, y muchas de ellas vienen a modificar tópicos de la filmografía "jolivudense" de las pelis "de romanos". No quiero pasar al teatro sin dejar constancia de un árbol que no sé si forma parte del decorado, tal es su belleza.





Muy cerca se halla el teatro del s. I a.n.e., muchos siglos sepultado, recuperado y restaurado tras la excavación que lo descubrió entre 1910 y 1915. La Xirgu, durante un viaje hacia Badajoz donde actuaba, quedó impresionada ante el teatro. Desde 1933 comenzaron en él las representaciones y actuó en una obra de Séneca. Cuando nos situamos frente a él, tenemos una grúa en tareas, ¿de limpieza?, que impide que se puedan captar panorámicas sin su presencia actual. Rafael me enseña a borrar, gracias a la IA, lo que molesta en una toma determinada, y sin salir de mi asombro, consigo que se aprecie el lugar de forma parecida a como se muestra en las fotos promocionales del Festival de Teatro, que tanto aporta a la cultura del país y a la economía de la ciudad. Parece el sitio adecuado para un posado conjunto luciendo las camisetas del aniversario. Rafael Buisan suda lo que no está en los escritos hasta conseguir situarnos a todos del mejor modo posible. En la parte trasera están las letrinas y la escultura de la Xirgu.





Si ya nos deslumbró la primera vez que lo visitamos hace años ahora, con nuestra guía explicando cada sector, la admiración va en aumento. Aquí todas las piezas son originales. El uso del ladrillo dota de uniformidad y armonía al conjunto y da un aire "romano" a la edificación, monumental, debido a la inclusión de una columna en la sala principal, que obligaba a dar altura a los techos, con lucernarios que dejan pasar la claridad. Todos quedamos asombrados ante los colosales mosaicos parietales, que originariamente estaban dispuestos en el suelo de las casas patricias, unos geométricos, otros con figuras, como el de la cuadriga.





Y vamos ya al restaurante, el Cachicho, donde provocamos una auténtica conmoción. Mientras todos comen auténticas delicatessen, yo me tengo que someter a la estricta dieta asignada por Marisa: pollo plancha y arroz blanco. El ambiente es como suele, festivo y más, tras los vinos que se toman quienes pueden. Luego volvemos al Parador, donde nos espera Francisco para llevarnos a Badajoz. Tengo idea de haber estado allí de pasada. Si lo hice, no guardo recuerdo. El guía nos espera ante la Puerta de Palmas (s. XVI), una de las que en la muralla protegían la entrada y salida de la ciudad, encarada al puente que lleva su mismo nombre y que es de la misma época. Salta con solidez sobre el Guadiana. La puerta es monumental, con dos torres almenadas que flanquean un gran arco. Su función era militar, dado el número de combates que la ciudad padeció en sucesivas guerras. Sirvió también como cárcel hasta el siglo pasado. Los medallones en la parte trasera retratan al emperador Carlos y a su madre, Juana de Castilla y bajo ellos el almohadillado en casetones, típico renacentista.



Nos adentramos en la parte nueva de la ciudad. Nos encontramos con edificios llamativos. Uno de ellos tiene un aire moruno, neomudéjar, monumental, dedicado en tiempos a comercio. Ha sido restaurado y luce atrayente por sus formas y colores, sus balconadas de forja, sus arcos lobulados y una torre que es casi una giraldilla. Enfrente, una extraña iglesia de tres plantas, lo que es poco habitual, toda blanca. Y a su lado, compitiendo en blancura, otro que es ahora un hotel, cuidadosamente repintado, antigua tienda de juguetes y ahora cafetería, "Las tres campanas" (1899), en cuya planta baja, muy art nouveau, se encuentra el primer ascensor que se montó en Badajoz. En medio de la sala de dos alturas, un hueco helicoidal que sube hasta el ojo de luz natural allá en lo alto, con forma de claraboya de cristal.



Y comenzamos la ascensión por callejas estrechas de aire andalusí, mientras el aroma a azahar se descuelga sobre nuestras cabezas. Vamos a la alcazaba hispano-árabe (ss. IX al XIII), la más grande de Europa. Fue luego fortificación cristiana, nada menos que 1300 metros de muralla que se ha ido restaurando hasta casi la actualidad. Se penetra en ella a través de la llamada Puerta Capitel, con forma de herradura. Desde su paseo almenado se divisa el río y alguno de sus puentes. Al otro lado, La Raya, término con el que se conoce aquí a la frontera con Portugal, país al que se puede cruzar caminando en dirección a Elvas, con la que siempre hubo rivalidad. Desde que formamos parte de la U.E. todo eso se ha ido desvaneciendo y hay un aire de confraternización entre ellas. En el interior de la fortaleza, lo que fue Hospital Militar es ahora la Biblioteca de Extremadura y la facultad de Biblioteconomía, lo que me retrotrae a mí época de profesor de la materia en el Módulo que da nombre al blog.




Volvemos a salir en dirección a la parte alta de la ciudad, anteriormente zona muy degradada. Que el Ayuntamiento decidiera rehabilitar la Plaza Alta y ubicar en ella residencias de estudiantes y organismos oficiales, ha transformado por completo el espacio. Llaman la atención las conocidas como Casas Coloradas. Está toda porticada, ya que en ella se ubicaba un antiguo mercadillo. Al fondo se alza una torre octogonal, llamada de Espantaperros y en la que se inspiró la Torre del Oro sevillana. Badajoz celebra uno de los carnavales más importantes de España y también acoge la juntada de los "palomos cojos", que atrae a población gay a pasarlo bien en el mes de junio. Lo que fue una salida de tono del alcalde de entonces, se ha convertido en Fiesta de Interés Turístico Regional, con todo lo que eso conlleva. Ya parece que no molestan a nadie, antes bien son muy bien venidos. Quedan pintadas reivindicativas.





Y conforme vamos bajando hacia el autobús, con una leve llovizna sobre nosotros, aún hay tiempo de descubrir la Plaza de la Catedral, edificios finiseculares y la curiosidad de una escalera en el interior de una manzana que pertenece a la Diputación. No hay tiempo ya para detenerse, puesto que aún tenemos que regresar a Mérida.




Tras todo este relato y con la lluvia arreciando tras los cristales del limpiaparabrisas, se entenderá que la gente se disperse por las habitaciones en busca del merecido descanso.

José Manuel Mora.

P.S. Por no liar más la cosa, casi todas las fotos que pongo aquí son las que yo mismo he disparado, salvo alguna que he birlado del "guasa" comunitario. Seguro que Montse, los Rafas y tutti quanti las tendrán más bonitas. No me quiero complicar más, que bastante largo y pesado he sido ya.





lunes, 13 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA I: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 Extrema Dura

Salimos temprano de Alicante. Somos 55 personas de la AAUP, que celebra su 25 aniversario, y que inician un viaje de disfrute, conocimiento y sociabilidad. Vamos a visitar la antigua frontera castellana frente a los reinos musulmanes del sur peninsular. Mientras dormitamos, se llega a Almagro, ciudad que ya habíamos visitado tras el COVID. La plaza luce radiante bajo un sol primaveral, con sus 85 columnas que sustentan una fachada acristalada, de uniformidad serena y colorista, de aire septentrional debido a la influencia de los  Fugger, banqueros del emperador Carlos. Hay gente del grupo que no la conoce y da una vuelta entre palacios renacentistas, paredes encaladas y gruesos portalones de madera con escudos; incluso algunos entran en el famoso Corral de Comedias.



Atraído por una portada barroca, en la esquina de la plaza, me acerco y decido entrar, son sólo 3€. No lo hice en la ocasión anterior. Se trata del convento de S. Agustín, de una sola nave, ahora vacío y sonoro, y restaurado tras los daños del terremoto de Lisboa y de la Guerra Civil, con pinturas parietales y bóveda y cúpula espléndidas de color. No hay casi visitantes. Por una estructura de acero y cristal puedo subir hasta la torre, desde donde se tiene una magnífica panorámica.




Salgo corriendo hacia el Parador, donde nos esperan para comer. Nos sitúan en el antiguo refectorio, donde aún se encuentra el púlpito desde el que se leían textos píos, mientras los monjes comían en silencio. No es el caso para nosotros, que disfrutamos de este primer rato comunitario con risas y alborozo, ayudados por un buen vino blanco manchego.



Seguimos la ruta, mientras la llanura manchega va erizándose en remontes arbolados con alcornoques, encinas, pinos, eucaliptos, de tonos verdes variados, brillantes por las lluvias, y tapizados a trechos de flores amarillas, cuyo nombre desconozco (Marisa me chiva luego que es la genista), y cúmulos calcáreos erosionados en formas caprichosas. Algún pantano sin nombre. Cada vez estamos más cerca de nuestro objetivo y va atardeciendo con suavidad y algo de retraso con respecto a nuestra tierra.

Cruzamos el Guadiana por un puente de estilo reconocible para los valencianos, obra de S. Calatrava. Al fondo, humilde, uno que construyeron los romanos y que es el más largo de la Península en su época, 800 m. Mérida será el lugar de demora de las dos primeras noches. Se trata de un antiguo convento (s. XVII), que funcionó como hospital, luego como manicomio y finalmente como cuartel. La entrada en el mismo se conforma como espacio expositivo de piezas auténticas que anuncian los tesoros que la ciudad guarda. Desde nuestra habitación se disfruta de la vista de la plazuela de entrada donde se levanta una columna romana.





Tenemos salida nocturna programada con guía. Las calles están silenciosas y vacías. Al girar una esquina nos encontramos con el Arco de Trajano, imponente por su altura y por el granito del que está hecho. Parece que estuvo cubierto de mármol. Ya no. Chispea y nos refugiamos bajo él.


Augusta Emérita, ya en el s. I, levantó fortificaciones y templos, como el de Diana, bellamente iluminado y con aceptable estado de conservación de su columnata de ocho metros de altura, de estilo corintio. El siguiente templo permite hacerse idea del esplendor de la ciudad en su época. que sus columnas sean réplicas (las originales están en el Museo) nos da lo mismo. Las explicaciones de la guía están salpicadas de información precisa y anécdotas curiosas y divertidas. Nos hacemos la primera foto de grupo que sale bien, gracias a la pericia de Rafael y a su paciencia.




La presencia de los musulmanes se materializa en la alcazaba, la más antigua de España (s. IX), un muro pétreo que protegía la ciudad. Su altura de diez metros, viene realzada por sus sillares de granito, algunos de ellos romanos, reaprovechados. Al descender hacia el río, vemos que su ubicación frente al puente romano servía para controlar la entrada y salida de bienes y personas.




El puente está iluminado y cruza sobre las aguas del Guadiana, ahora oscuras, negras como la pez. Parece que tiende a desbordarse cuando llueve mucho y se abren las compuertas de los pantanos río arriba, La guía cuenta que en el Parador hay fantasmas, aunque no desvela en qué habitación. Risas, algunas nerviosas. Y volvemos al hotel más muertos que vivos.

José Manuel Mora.