Civilizaciones
Esta vez la reseña no va a ser muy extensa dado que la información que nos han transmitido las guías ha sido abundante y precisa. El que garabatee unas líneas al respecto tiene como finalidad que quede constancia de una nueva actividad de la AAUP, la visita a las siempre atractivas exposiciones del MARQ. En este caso la titulada Dénia. Arqueología y Museo. El atractivo de la misma hace que haya habido que organizar visitas, guiadas, en días distintos, con sesenta personas en cada uno, divididos en grupos de treinta.
En esta ocasión no se trata de una exposición de carácter propiamente cronológico, sino que se estructura en dos grandes salas. Cómo suele hacer el museo, la mise en scène es magnífica.
Durante la Prehistoria, la zona ya había sido habitada desde el Neolítico, como muestran las cuevas y abrigos naturales algo más al interior. La Cova de la Caputxa es un ejemplo de arte rupestre de los más antiguas de la Península, con figuras humanas masculinas y femeninas que interactúan en el medio natural con los animales y también de forma ritual. Ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad.
En las faldas del Montgó se sitúa L'Alt de Benimaquia, con fortificaciones de tiempos iberos desde el s. VI a. n. e. que les permitían dominar el horizonte marítimo. Los restos arqueológicos allí encontrados dan fe de la actividad vitivinícola antigua, con ánforas a torno y semillas, anteriores a Roma.
La conquista por parte de los musulmanes en el s. VIII trae consigo el cambio de nombre. Ahora pasa a llamarse Dâniya. Desde el s. X, es fortificada con una triple muralla en torno al castillo. Acabó como taifa independiente cuya influencia se extendía hasta Baleares. El castillo se reforzaba con atarazanas defensivas, torres, arrabales distribuidos entre los distintos artesanos con sus alhóndigas, y cementerios sin exceso de ajuar, como mandan las normas musulmanas. El arrabal marítimo también estaba fortificado, lo que indica la importancia que se le daba a la dársena y a sus atarazanas. Se comerciaba con Egipto y Oriente Próximo, de donde llegan bronces preciosos.
Y en 1612, Felipe III, aconsejado por el Duque de Lerma, le da el título de "ciudad". Uno de los baldones de ese momento es que el puerto de convirtiera en lugar de expulsión de los moriscos.
La ciudad se sigue reinventando y tras la guerra de Sucesión, en la que Denia combatió en el bando perdedor, descubrió que la uva podía ser comercializada una vez seca, lo que aquí conocemos como pansa. Ya en el XIX, tras la derrota de los franceses, la ciudad se convierte en centro exportador. Incluso eran capaces de exportar variedad sin semillas. La industria se complementaba con las "camisetas" que debían servir de adorno a las cajas para su trasporte, gran parte en llaut. La filoxera acabó con este comercio mundial.
José Manuel Mora.

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