sábado, 28 de febrero de 2026

Museo Arqueológico de Alicante: Dénia, arqueologia i museu



 Civilizaciones

Esta vez la reseña no va a ser muy extensa dado que la información que nos han transmitido las guías ha sido abundante y precisa. El que garabatee unas líneas al respecto tiene como finalidad que quede constancia de una nueva actividad de la AAUP, la visita a las siempre atractivas exposiciones del MARQ. En este caso la titulada Dénia. Arqueología y Museo. El atractivo de la misma hace que haya habido que organizar visitas, guiadas, en días distintos, con sesenta personas en cada uno, divididos en grupos de treinta.


En esta ocasión no se trata de una exposición de carácter propiamente cronológico, sino que se estructura en dos grandes salas. Cómo suele hacer el museo, la mise en scène es magnífica.


Y lo que sorprende, de entrada, como ya ocurrió en Rojales, es que siendo una ciudad tan cercana a la capital, para mucha gente pueda ser una desconocida. Con esta visita procuramos conocerla algo mejor.






Durante la Prehistoria, la zona ya había sido habitada desde el  Neolítico, como muestran las cuevas y abrigos naturales algo más al interior. La Cova de la Caputxa es un ejemplo de arte rupestre de los más antiguas de la Península, con figuras humanas masculinas y femeninas que interactúan en el medio natural con los animales  y también de forma ritual. Ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad.


En las faldas del Montgó se sitúa L'Alt de Benimaquia, con fortificaciones de tiempos iberos desde el s. VI a. n. e. que les permitían dominar el horizonte marítimo. Los restos arqueológicos allí encontrados dan fe de la actividad vitivinícola antigua, con ánforas a torno y semillas, anteriores a Roma. 


Dianium es como nombran el enclave en honor a Diana los romanos desde el s. II y I a. n. e. de dominio de Roma, con un puerto estratégico de recepción y distribución de la producción itálica. Se convierte en municipium al estar situada en plena Via Augusta. Los recipientes cerámicos de la Villa de la Almadrava dan fe del modo de almacenamiento del vino de Ebusus y el aceite norteafricano. Se han hallado también necrópolis de inhumación, bien cubiertas con tejas o posteriormente con los cuerpos de las criaturas en el interior de las ánforas. La llegada del cristianismo ha dejado también huellas en lápidas bellamente esculpidas y decoradas con mosaico.


La conquista por parte de los musulmanes en el s. VIII trae consigo el cambio de nombre. Ahora pasa a llamarse Dâniya. Desde el s. X, es fortificada con una triple muralla en torno al castillo. Acabó como taifa independiente cuya influencia se extendía hasta Baleares. El castillo se reforzaba con atarazanas defensivas, torres, arrabales distribuidos entre los distintos artesanos con sus alhóndigas, y cementerios sin exceso de ajuar, como mandan las normas musulmanas. El arrabal marítimo también estaba fortificado, lo que indica la importancia que se le daba a la dársena y a sus atarazanas. Se comerciaba con Egipto y Oriente Próximo, de donde llegan bronces preciosos.




En 1244 Jaume I conquista la ciudad para la Corona de Aragón. La medina se acaba abandonando y Jaume II la refunda de nueva planta. Sigue creciendo y hay que fortificarla para defenderla de los ataques berberiscos, para lo que se construyen torres vigías.


Y en 1612, Felipe III, aconsejado por el Duque de Lerma, le da el título de "ciudad". Uno de los baldones de ese momento es que el puerto de convirtiera en lugar de expulsión de los moriscos.


La ciudad se sigue reinventando y tras la guerra de Sucesión, en la que Denia combatió en el bando perdedor, descubrió que la uva podía ser comercializada una vez seca, lo que aquí conocemos como pansa. Ya en el XIX, tras la derrota de los franceses, la ciudad se convierte en centro exportador. Incluso eran capaces de exportar variedad sin semillas. La industria se complementaba con las "camisetas" que debían servir de adorno a las cajas para su trasporte, gran parte en llaut.  La filoxera acabó con este comercio mundial.




Hubo pues que que rehacerse y Denia se convirtió en referencia nacional en lo que a fabricación de juguetes se refiere hasta los años 60. Disney le concedió el privilegio de diseñar figuras señeras de su mundo. La importación de juguetes de China acabó también con esa posibilidad. Queda sin embargo un Museo del Juguete muy interesante.



Hoy en día el puerto de Denia atrae a turistas de todo el mundo y la industria de la restauración da trabajo a muchas personas.




Tal vez merezca la pena una escapada para visitarla y reconocer algo de lo que aquí hemos visto. Su Museo Arqueológico y el Museo del Mar. deben de merecer la pena.

José Manuel Mora.





jueves, 19 de febrero de 2026

ROJALES

 Una sorpresa cercana                                                                         

A veces  me pregunto si tiene sentido hablar de un viaje que hemos hecho cuarenta personas juntas y que está reciente en nuestra memoria. Si me pongo a ello una vez más es por un doble motivo: de un lado, dejar constancia de una nueva actividad promovida por la Asociación de Alumnado de la Universidad Permanente, y de otro, que tal vez pueda servir de acicate para seguir nuestro recorrido, caso de que no se pudiera haber viajado. En esta ocasión se ha tratado de una única jornada de viaje con el habitual madrugón. Salimos hacia Rojales, situado en la Vega Baja del Segura, que atraviesa la ciudad. Tiene cerca de 17.000 habitantes y una de las primeras sorpresas es que su alcalde, Antonio Pérez, nos informe que el 70% de su población proviene del extranjero, sobre todo de Reino Unido, lo que le confiere una personalidad muy particular, como las numerosas urbanizaciones de casas unifamiliares con jardín delantero. Esa puede ser una de la razones del alza de precios de viviendas en el lugar, según la concejala de cultura, Inmaculada Chazarra, que también nos acompaña. Dejo una panorámica tomada de los prospectos que nos regalaron.



La programación que Marisa y la concejala han planteado se inicia con una visita al Museo de la Huerta. Nos acompañan como guías Leo y Rosario, que conocen muy bien su historia y contenido. Que la antigua explotación agrícola de D. Florencio, conocida como Hacienda de los Llanos acabara en manos del municipio, ha permitido que éste lo convierta en un museo que me ha recordado algo al de Puçol en Elche, cuya visita recomiendo desde aquí. Éste tiene distintas secciones, albergadas en diferentes edificios. La antigua casa, vivienda de los propietarios originales, está ocupada por muebles de época que recrean distintos ambientes: el de un comedor, un dormitorio, una sala de costura, un despacho... 







La escalera que unía las dos plantas es de época y da idea de la importancia de la construcción. En la superior hay un comedor de diario, una botica, una sala que alberga instrumentos de pesas, otra con prensas de aceite y orzas para contenerlo... Los comentarios de los visitantes se remontan lógicamente a nuestra infancia. En casa de nuestras abuelas, en los pueblos, raro es quien no ha visto alguno de estos objetos, con toda la carga afectiva que aportan.

A la salida nos dirigimos a la vivienda secundaria, que acogía a la familia encargada de organizar la producción agrícola y la labranza. Lo que allí se incluye tiene que ver con la recreación de una panadería con todos los materiales necesarios para algo tan importante en una casa como la elaboración del pan, incluido un pequeño molino de grano y artesas para amasar.



En la última de las construcciones, las caballerizas, se encuentran carros, aperos de labranza como arados, instrumentos de siega y otros trabajos tradicionales ya desaparecidos como la apicultura, el cáñamo e incluso un carro de helados, aquellos que en mi pueblo se llamaban "chambis", forma de nombrar una palabra inglesa que se desconocía, un sandwich con mantecado entre dos galletas. Todo un regreso al pasado.





En la puerta, a modo de despedida del lugar, la correspondiente foto de grupo, antes de dirigirnos hacia la siguiente etapa. Nos resulta sorprendente que un pueblo tan pequeño pueda tener un museo tan peculiar y apegado a la tierra y tan bien cuidado.



Nos dirigimos a las llamadas Cuevas del Rodeo. Como explica Mª Jesús, la guía que nos acompaña en esta zona, en todas las épocas de dificultades la gente tiende a moverse para buscar mejorar su situación. Y así, durante los siglos XVIII y XIX muchos de los que llegaban atraídos por el trabajo en la huerta, excavaban cuevas en la pendiente del terreno. La profundidad de las mismas dependía del número de componentes del grupo familiar. Su interior se encalaba y los techos son sorprendentemente planos. La tierra que se sacaba servía para extenderla delante de la puerta con el fin de plantar un pequeño huerto-jardín. Escuchamos con atención, dado el interés que nos despierta y a pesar del txirimiri que está cayendo.




Toda la zona se ha rehabilitado y ha conformado un "Ecomuseo del Hábitat Subterráneo Municipal". Hoy en día, municipalizadas, se han convertido en talleres artesanales. La condición para ser ocupados por los artesanos es que sean accesibles a las posibles visitas. Y vuelve a sorprender la variedad de espacios, los trabajos que se realizan, la decoración de los mismos... El que estén rodeadas de un hermoso parque urbano realza el lugar.



Seguimos descendiendo hacia la que será una última visita al Museo Arqueológico-paleontológico ubicado en la que fuera Casa Consistorial, en el centro del pueblo. Es Leo el que vuelve a acompañarnos.


El espacio expositivo tiene dos áreas: la paleontológica, con restos de animales que habitaron en un territorio cubierto entonces por las aguas hace millones de años, por lo que no es extraño encontrar trilobites, ammonites, dientes de tiburón, vértebras fosilizadas o la huella de una piña que desapareció, por poner sólo unos ejemplos. 



En el piso de arriba se encuentra la zona arqueológica, que muestra las huellas que fueron dejando los pueblos que se asentaron en la zona. Abarcan restos desde el Paleolítico al Neolítico, siguiendo por la Edad del Bronce, con útiles líticos, cerámicas, puñales de bronce o falcatas, algunas con forma curva para herir mejor. 



A la entrada se encuentra una de las piezas más significativas, un pilar-estela ibérico, uno de los monumentos funerarios mejor conservados de esa cultura. 


De camino al restaurante nos detenemos ante una especie de monumento en el que se narra una maldición con rapto incluido, ante el que nos hacemos una foto de grupo que muestra lo felices que estamos. Los que se agacharon, corrieron el riesgo de no poder levantarse después...




"La Noria", donde nos esperan para comer, se encuentra junto al Segura. Al borde del cauce hay una enorme que da nombre al restaurante. El viento que comienza a soplar impide ponerse debajo de los árboles por la alerta amarilla decretada.





El menú excelente y excesivo tal vez. Lo disfrutamos. Fuera nos espera el azud del río, que mana abundante sin pausa, como la vida, dadas las lluvias de este febrero el loco. Y de allí, al autobús, en un viaje rápido y cómodo hasta Alicante. Da la impresión de que la gente queda con ganas de apuntarse al próximo. Todo son parabienes para la incansable Marisa que tiene que lidiar con todos nosotros y a Rafael Arenillas, que lo coordina todo.


P. S. Naturalmente cada uno podrá contarlo según lo ha vivido. Me habré dejado muchas cosas, pero no he tomado apuntes.

José Manuel Mora.







sábado, 17 de enero de 2026

Juana Francés en el MACA

 La construcción de una artista moderna

A veces me pregunto qué sentido tienen estas reseñas sobre las visitas que organiza la AAUP a las diferentes exposiciones que se realizan en nuestra ciudad. Y pienso que, además de servir de recordatorio, pueden animar a otros miembros de la Asociación que no pudieron apuntarse a la visita guiada, a realizar el recorrido por propia cuenta. Son ya varias las que hemos hecho al MUBAG. Pero esta vez, gracias a la mediación de la bibliotecaria, Aránzazu García Espinosa, antigua alumna mía del Módulo de Biblioteconomía, hemos podido asistir en dos turnos a la visita guiada de la exposició
n en el MACA de la pintora alicantina Juana Francés.



La que nos guía, Natalia, pronto pone de manifiesto que conoce a fondo no sólo la muestra, sino el personaje. "La construcción de una artista moderna" es el subtítulo de la misma, el periodo que va desde 1945 a 1956. He de confesar que llego a la visita con el pre-juicio que se me ha formado ante la obra de la pintora que se encuentra en la primera planta. Pronto se me va a venir abajo. Y así, Natalia nos pone en contexto. La pintora nació en 1924, con lo que tuvo tiempo de vivir la Restauración borbónica, la Dictadura de Primo, la República, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, además de los ecos de la IIª Guerra Mundial, con los aires existencialistas que llegaban desde el país vecino. La primera vitrina que se nos muestra contiene objetos personales, entre los que llama la atención cartillas de racionamiento, diseño de canastilla, carné de haber realizado el Servicio Social que implicaba a las mujeres, con su orientación hacia la maternidad y su componente de adoctrinamiento. Se desatan comentarios entre las integrantes del grupo, que recuerdan anécdotas similares.


Juana estudió en el instituto Jorge Juan (la negrita la pongo para subrayar que era el único en toda la provincia). Muestra pronto su afición a la pintura, cuya inspiración parte del natural, de los carteles de Fogueres, y los enormes cartelones en los cines. En 1941 se traslada con su familia a Madrid. Allí estudia piano con bastante aprovechamiento, lo que la señala como una "privilegiada" por su origen familiar. A la vez se matricula en Bellas Artes. Hay un cuadro titulado "chica examinándose", de 1950, que resulta significativo no sólo por la actitud de la examinanda, sino la de sus compañeras, todas sin rostro, y el entorno en el que la prueba se realiza, de carácter geométrico, con algo de aire cubista.


Tuvo a Vázquez Díaz como profesor de pintura mural, y de compañeros a Lucio Muñoz, y a Canogar entre otros. Aprende a trabajar en diferentes técnicas, como el carboncillo con toda su oscuridad, de los que hay muestras en formato pequeño; se maneja en técnica mixta y óleo. Desde la Escuela inician viajes por España, y Madrid le ofrece el impagable Prado, donde se adentra en Goya, Velázquez, el Greco... Dejo aquí muestras de dos de esas técnicas, que me sorprenden por su figuración amable, la de "Niño; retrato de Miguel Ángel", de 1950.



En 1951 consigue una beca del Gobierno francés y marcha a París, un mundo completamente diferente de la España franquista de la época: librerías, buen cine, conciertos y sobre todo museos, con los impresionistas que tanto la marcan. Nos señala la guía otro cuadro que podría ser síntoma de la mujer española de entonces: "El silencio" (1950), cabe que presente a una mujer que se tapa la boca censurándose a ella misma, o bien, por la postura de la mano, una mujer "a la que le está tapando la boca" condenándola al silencio. 


Y de repente vemos unos bodegones que nos llaman la atención. Son de 1951 y en ellos queda patente el uso de una técnica muy personal: endurecía la tela con estuco y pigmento negro, daba color después y, una vez seca la superficie, la arañaba con un punzón puntiagudo. Estamos ya entre un neo cubismo y los orígenes de lo que luego sería la Juana Francés informalista.  



De esos años son también las maternidades y las familias, con figuras tristes, de ojos asustados, de un expresionismo hierático, que se refuerza al enmarcarse en interiores cerrados, sobrios, con ventanucos en lo alto que no parecen aportar ni vistas ni luz alguna. Sorprende también, por infrecuente, un delicado desnudo frontal femenino, que da la impresión de estar situado en una balconada, con una ciudad sin atributos ni detalle alguno, pleno cubismo. Es conmovedor también el homenaje que le hace a su madre, ya muerta, figura con los ojos cerrados y con color cerúleo de piel y con el perfil que reconocemos fácilmente, la ciudad de Alicante.


Sorprenden luego obras de gran formato, con personajes que son casi esculturas por su volumen, con aires que recuerdan al italiano De Chirico. Hay en el entorno de las mismas un aire cubista, con un toque también de surrealismo. La "Maternidad con caballos" y lo que parecen pescadores en descanso, son un par de piezas espléndidas.



Y ya en 1955 se imparte en el Palacio de la Madalena de Santander el primer curso sobre pintura informalista, al que ella asiste. Estamos en la estela de Kandinsky y de Klee, por citar sólo dos. Se trata de una nueva manera de trabajar: se abandona el caballete, los lienzos se extienden en el suelo y los pinceles son substituidos por escobas o cuerdas para extender la pintura. En ese experimentalismo, da la impresión de que no son necesarios ni los títulos, ni las fechas, ni siquiera la firma del artista.



Y en 1956 realiza su primera exposición en el Ateneo de Madrid. Conoce al escultor Pablo Serrano, con quien viaja por Europa y quien acabará siendo su compañero de vida. En 1957, junto a otros pintores, como Saura, Millares, Feito, Canogar y ellos dos, acabaron conformando el Grupo El Paso. Su manifiesto apostaba por un "arte recio y profundo" y una "nueva realidad plástica". Se abrieron a la experimentación, a la materialidad de la pintura, a la expresividad que provenía del expresionismo abstracto estadounidense, lejos del arte figurativo tradicional. Estamos ya en el informalismo y la abstracción. Participaron en la Biennale de Venecia y hacia los años sesenta el grupo murió de éxito y de la lucha de egos. Es curioso que Juana Francés, única mujer del grupo, fuera expulsada del mismo. Su marido la siguió. Y así es como, a la salida, uno mira con otros ojos el cuadro de ella que se expone a la entrada. Y se hace también patente la necesidad de subir a la primera planta para ver sus "cajas", y las obras que de ella se exhiben allí. 


Que el museo no prohíba hacer fotos, permite tener un recuerdo de las piezas que más le pueden a uno impactar. El grupo siguió con interés las explicaciones de una preparadísima Natalia. Nos hicimos una foto colectiva para dejar constancia de nuestro paso por la exposición, que parece estar rompiendo las costuras del MACA, de tantos visitantes como está teniendo. 





Un último agradecimiento a mi bibliotecaria favorita, Arancha, que es la que ha gestionado la visita, compleja por la de solicitudes que tenía en cartera. La exposición permite empezar a pensar en la pintora alicantina con otros ojos. Quien pueda no debería perdérsela.

José Manuel Mora.