jueves, 28 de mayo de 2026

Els Pous de Garrigós, Alacant



Aguas

Cree uno que, por ser de Alicante (aunque nacido en Yecla, a los veinte días ya andaba por aquí), se lo conoce todo... Y, no. Programamos en la UPUA la que posiblemente será la última visita de este "curso escolar". Cuando llamé a los Pous de Garrigós, aceptaron el grupo y nos dijeron de quedar en la Plaza del Ayuntamiento. Nos proponían una pequeña visita guiada previa. Javier llegó con su camiseta que lo identificaba como miembro del Museo de Aguas de Alicante. Y lo primero que nos dice es que la empresa es un ejemplo de eficiencia público-privada, ya que está participada al 50% por Hidraqua y el Ayuntamiento de Alicante. Da servicio no sólo a nuestra ciudad, sino a S. Vicent del Raspeig, Monforte, Petrer, S. Joan y El Campello. Es la primera empresa de economía mixta que gestiona el ciclo del agua integral en todo el mundo, según el Banco Mundial.



Y comenzamos el recorrido adentrándonos en la Casa Consistorial. Muchos tal vez no saben el porqué de la extraña estatua "de oro" situada a los pies de la escalera. Se trata de una obra de S. Dalí, cedida desde Barcelona, por representar a S. Juan, con una concha bautismal en una mano; no es el patrón de la ciudad, pero sí el de Les Fogueres. Al alzar la vista, se vislumbra el tríptico de Gastón Castelló, de 1947, en el que se aprecia cómo se iba levantando el edificio. Sin embargo es otra cosa en la que Javier quiere que nos fijemos, y es el punto desde el que se mide la altura de cada zona de la Península con relación al nivel del mar. Se eligió para ello a nuestro Ayuntamiento por ser el más próximo al agua.


Y salimos, pasando por debajo de la torre del reloj. Javier señala la piedra arenisca con la que se construyó el edificio y una marca que indica la presencia de un fósil. ¡Qué cosas! Llegamos así a la Plaza de Santa Faz, en la parte trasera del Ayuntamiento. Hay allí una fuente en la que quiere que nos fijemos, para hablar de las originarias de la ciudad. Cita primero la de la Goteta, que es una referencia para los alicantinos. Lo que no sabía es que servía para enviar agua al Raval Roig a través de una acequia. La que tenemos delante fue esculpida por Adrián Carrillo en 1968 y posee dos caras: en una luce el escudo de la ciudad, pero con las letras cambiadas, ya que originariamente era I A (Ílice Augusta), antes de acabar siendo A L, L, A (Akra Leuka, Lucentum, Alicante). Por la parte trasera hay una imagen de la Verónica con el lienzo de la Faz Divina, sacada para pedir agua en una sequía terrible. Había después la Fuensanta en el monte Tossal y el manantial de la Casablanca, por encima del barrio de Campoamor.




Y nos dirigimos hacia la parte alta del barrio. Señala las cañerías por las que baja el agua de lluvia, que vienen decoradas con caras esculpidas en bronce con rostro de personas. Yo no me había fijado nunca y me ha resultado curioso. Y así llegamos a la Plaza de S. Agustín, llamada así por la existencia de un antiguo convento de agustinos en el lugar, en la que hay otra fuente con unos mosaicos que representan al santo. Allí hacemos un alto, y nos cuenta que el vasco Trinitario Quijano, gobernador civil de la ciudad en la primera mitad del XIX se preocupó de depurar las aguas para evitar el cólera, que acabó afectándolo y muriendo él mismo por la infección. Ahora yace en el panteón junto a la Plaza de Toros.


En nuestra marcha ascendente llegamos a otra que fue fuente y que ya dejó de serlo, la de S. Antonio, según se aprecia en el mosaico. El cuenco de la misma tiene aspecto de pila bautismal y el lugar por donde saldría el agua es ahora un mero adorno de alfar. Algo más allá, en medio de una plazoleta con un sol que empieza a ser inmisericorde, encontramos otra fuente con aire de pozo seco. El jardín vertical que hay a su lado no dulcifica demasiado el espacio. Pero estamos llegando a nuestro objetivo.



A la vuelta de la esquina y en el arranque que llevaría al parque de la Ereta, se encuentra el Museo de Aguas de Alicante. Su fachada contrasta enormemente con las edificaciones que lo rodean, las típicas del barrio de S. Antón. Nos protegemos a la sombra de su entrada, mientras escuchamos las explicaciones. Como que se abrió al público en 2009 con objeto de fomentar el conocimiento, el respeto y la importancia del agua entre la población, dada además la escasa pluviometría de la que gozamos aquí. Desde entonces lo han visitado más de 300.000 personas.



En la planta baja se exponen imágenes del ciclo integral del agua desde tiempos romanos hasta épocas en las que era transportada por aguadores, que la iban vendiendo a lo largo de su recorrido. Como la población iba en aumento, se hizo necesario suministrar mayor cantidad, para lo que se construyeron aljibes en las faldas del Benacantil, o una destiladora de agua de mar, o la traída desde la Alcoraya. Una de las acciones más pretendida mente exitosas fue la que intentó traer aguas desde las fuentes del río Algar, y la de la Torre de les Maçanes. No llegó a realizarse debido a su alto coste. Para la acumulación de aguas pluviales se crearon unos depósitos en la próxima Cantera. Hubo otra construcción encargada de transportar aguas subterráneas procedentes de Sax en 1898, lo que se celebró con grandes festejos. Poco antes se había constituido la Societé Anonyme des Eaux d'Alicante, empresa que acabó dando lugar a la actual Aguas Municipalizadas.


Tal vez algún de los miembros del grupo no sabe lo que le espera a continuación. Para quien realiza una primera visita no deja de ser sorprendente. Las tres cisternas que se esconden tras la curva de la entrada fueron excavadas en la roca durante el s. XIX y tienen capacidad para 800.000 litros de agua. Su finalidad fue captar la poca que cayera para después distribuirla. El primero de ellos, con una cascada artificial, se constituye como un refugio climático gracias a su temperatura constante. Es el primero de la ciudad.



Se excavaron en la roca viva entre 1862 y 1863. El maestro de obras fue el tal Antonio Garrigós. Su apellido lo heredaron las cisternas. En la parte superior se abren bocas como respiraderos y para tomar agua supuestamente por medios mecánicos. Estaban intercomunicados para que el agua pasara de un depósito a otro. Con la traída de Sax se dejaron de usar, aunque durante la Guerra Civil sirvieron como refugios antiaéreos. La primera sala sirve como de recepción y hay una muestra de acequia que serviría para trasportar el agua de un lugar a otro.


En la segunda sala hay una exposición de ninots, creados por el alumnado de F.P. del instituto de Las Lomas, donde estudian para ser artistas fogueriles. Se puede votar para salvar el que más puntos alcance. Allí Javier, como un nuevo flautista de Hamelín, saca de la mochila su flauta dulce e interpreta una melodía que con la reverberación se escucha muy bien.

El último de los "pozos" es el más impresionante, por su altura y por la escalera que se encarama por una de sus paredes laterales y que permitía la limpieza del mismo y su desinfección, a base de encalarlas. Al fondo se proyectan imágenes en la oscuridad.


Y Javier se despide de nosotros, que quedamos muy agradecidos por lo informado y ameno de sus explicaciones. Quienes ya han realizado alguna visita conmigo, saben que suelo tomar notas. No fui precavido esta vez y vine sin papel. Espero no haber caído en demasiados errores. La visita es tan interesante que no descartamos repetirla a la vuelta de vacaciones.

José Manuel Mora.