martes, 9 de diciembre de 2025

Mercados Navideños y Región Occitana de Francia: Occitania I

 Narbonne

Quienes han navegado por estas "páginas" con anterioridad, saben que el propósito de estas entradas blogueras es que no caiga del todo en el olvido lo que hemos vivido. Es evidente que cada uno realiza un viaje, y sólo con las fotos que cada quien ha ido disparando se podría confirmar esta afirmación. Así que éste es "mi viaje", que seguramente coincidirá en algunas cosas con el vuestro. Por eso os lo acabaré mandando. El trayecto acaba siendo pesado por la espera en el aeropuerto alicantino, pero el vuelo dura apenas una hora. En Toulouse, un espacio sin demasiada personalidad arquitectónica, nos espera Antonio con su autobús. Será el encargado de todos nuestros desplazamientos. Somos 36; muchos de ellos ya han viajado juntos y se conocen. Para nosotros es el primer viaje que hacemos con la AAUP.


Llegamos a Carcassonne comandados por Marisa con el brío que la caracteriza y toda la información que nos aporta y que nos puede servir. El Mercure es un hotel que está a los pies de la ciudadela. Al llegar a nuestra habitación, miramos por la ventana y la vista que se nos ofrece es casi la de un cuento gótico. Es ya noche cerrada y la iluminación de las murallas aumenta la sensación hanselygreteliana


Ya por la mañana, por ser lunes, toca cambiar el programa, puesto que muchos de los monumentos que se podrían visitar están cerrados. Así que, con un sol espléndido, nos dirigimos a Narbonne. Allí nos espera Natividad, nuestra guía ovetense. Hace frío pero no lo notamos demasiado, tal vez porque vamos llenos de ilusión. El bus aparca junto al Canal de la Robine, que conecta el cercano río Aude con el Mediterráneo, en realidad un ramal del Canal du Midi. En paralelo al cauce se disponen unas casetas que me han recordado las de nuestros jipis de la Explanada, aquí con motivos del todo navideños. La arboleda otoñal decora sus aguas con su reflejo de óxido dorado. Las exclusas permiten la navegación sorteando diferentes alturas.


Desembocamos en la Place de la Mairie, engalanada con ciervos brillantes, que la desvirtúan. La fachada del consistorio, obra de restauración neogótica de Viollet-le-Duc, aparece completamente cubierta con bolas de colores y un papá Noé que trepa por su puerta principal. Se halla enmarcada por dos torres de aire medieval de cierta altura, 40 metros, y que formaban parte del Palacio de los Arzobispos. Estamos en lo que en tiempos romanos se conocía como el cardus de la Via Domitia, primera calzada romana construida en la Galia, y eje principal de la ciudad, que se cruzaba con el decumanus. El micrófono de la guía permite seguir sus explicaciones. Viene muy preparada, cargada con planos y fotos de lo que nos ha de explicar.



El palacio se remonta a los tiempos de Carlomagno, allá por el s. VIII. Fue una obra que se levantó con el paso de los siglos, razón por la cual transita del Románico al Gótico. El poder de la Iglesia en esa época era inmenso, y controlaba incluso el comercio y la navegación. Ello explica la envergadura de las edificaciones que rodeamos para ir por su parte trasera, donde hay unos jardines que conectan con los restos de una catedral que se evidencia inconclusa. Esos arcos serían el pórtico y el arranque de la nave central de la catedral de los santos Justo y Pastor. La sonoridad allí es extraordinaria. La guía pregunta si hay algún tenor en el grupo, levanto la mano y comienzo a cantar el Canticorum Jubilo de Händel. La reverberación ayuda y no quedo demasiado ridículo. El resto de viajeros se quedan pasmados, supongo que de mi poca vergüenza. Luego es la guía la que entona una pieza occitana, con dulzura y entonación correctas.


Rodeamos por el exterior el ábside gótico con sus arbotantes y sus gárgolas y entramos por una puerta trasera que da al deambulatorio. La altura de la nave con su bóveda de crucería es impactante. Por detrás del altar mayor se suceden esculturas funerarias y una serie de capillas entre las que destaca una de la que hablaré después.


Y paso de largo por una capilla en la que quedan restos de un retablo de piedra que tuvo color y que me parece muy deteriorado. La guía señala que es de los pocos que han mantenido restos de color y en el que todavía se pueden apreciar elementos reconocibles, como el monstruo diablo que engulle a los condenados. Es tardo gótico, de ahí la expresividad de las figuras.

Y en el centro una Madonna tan delicada de expresión y figura, recogiéndose su ropaje, que anuncia ya lo que serán las italianas del Renacimiento. Tras la explicación nos quedamos un rato más contemplando aquello que podríamos haber dejado de lado.


Y, frente a tanta exquisitez, podemos contemplar el enorme baldaquino, ya plenamente barroco, que está situado en el altar mayor, de cara a la sillería del coro. No había espacio entonces para los fieles, que se tenían que conformar con "oír" misa desde fuera. Salgo sin esperar a los demás a un callejón con arco, que da paso al Patio de Honor del Palacio de los Arzobispos, y allí en medio, en cuclillas, con una postura guerrera aunque serena, aparece una escultura de más de dos metros de altura, Walking in Beauty, obra de los valencianos Coderch & Malavia. Parece que quiere conectar con el pueblo Navajo y su celebración de la vida. Es de una belleza impactante.


Con tanta prisa no acierto a saber si hay más piezas en el interior, tan sólo la loba capitolina en bronce, que habíamos visto sobre un arco en el paseo matutino. Por otra puerta, que da al mismo patio, entramos a ver una pequeña exposición de trajes de época. Piensa uno que quienes los lucieran no tendrían que hacerse cargo del cuidado y puesta a punto de los mismos.


Un último paso a la catedral por si me he dejado cosas sin ver. Y así es: una pietà con cristo muerto que resulta conmovedora. Y se hace la hora de dejar el espacio sacro, uno de los más altos de Francia, y salir hacia el lugar reservado para nuestra comida, volviendo por la orilla del canal, del que vemos ahora el ponte vecchio que, como el de Florencia, está cubierto de edificios habitables. A pesar del cambio, todo transcurre bien. Yo apoyo la cabeza en la pared y entro "en alfa", para diversión de quienes me fotografían a traición.



El autobús nos conduce hacia Béziers, apenas a treinta kilómetros. El paseo por la ciudad no es especialmente atractivo. Es verdad que dejamos un edificio de hierro y cristal típico de Les Halles, que nos provoca ganas de haberlo visto abierto y en marcha con todos aquellos que realizan sus compras. Más allá, la iglesia de la Madeleine, con su torre octogonal, testigo de la barbarie de la guerra de religión contra los albigenses en el s. XIII. Una autoridad papal sugirió matarlos a todos, porque Dios ya sabría quienes eran justos y quienes, no. Está cerrada y no se puede visitar.



Seguimos la ascensión hacia la catedral, situada en una colina que controla el valle del río Orb. Su estilo gótico tiene un carácter claramente defensivo por sus muros y sus almenas, sus torres, sus barbacanas, que se ponen de manifiesto en la fachada que da al río. Contrasta el ábside de arbotantes con el interior, que luce un enorme órgano dieciochesco tapando en parte el magnífico rosetón, y un altar mayor claramente barroco en mármol blanco dedicado a S. Nazaire. El claustro ya no lo podemos visitar. Estos horarios franceses...


El poniente parece querer rivalizar con tonalidades de postal. Y el Orb transcurre plácido bajo los puentes de la ciudad nueva.



Volviendo hacia el autobús, por calles uniformadas con luces navideñas veinte días antes de que llegue el momento, aún tengo ocasión de entrar en una iglesia pequeña, gótica y con un sorprendente trompe l'oeil en el altar, que hace que me acerque hasta comprobar que es una pintura.



Salgo corriendo hacia donde está el grueso de mis compañeros. Al llegar al paseo central descubrimos lo más cercano a un "mercado navideño" que vamos a poder ver. En las casetas uno puede pedir vino caliente, galletas bretonas, sopa de cebolla... El recorrido da para entablar relaciones con personas a las que no conocíamos: María, Marisa... No llegamos al final, donde parece que está la exposición más brillante y colorista del lugar. Al llegar al hotel vamos revisando fotos y eliminando las repetidas. Yo me peleo con el cansancio y el sueño para poder dejar unas notas en el cuaderno de bitácora. Servirán luego para este post.


José Manuel Mora.

martes, 28 de octubre de 2025

MUBAG: Lorenzo Aguirre, pintor

 

Descubrimiento


Sigo colocando estas "crónicas" relativas a las visitas de la Asociación de Antiguos Alumnos de la UPUA bajo la etiqueta de "documentación", una de las que intenta ordenar lo publicado, porque estas exposiciones son, de alguna manera, "documentos" de una época. Y una vez más se cumple el hecho de que la propuesta del MUBAG supone un descubrimiento. Modernidad y Valentía. La colección más íntima de Lorenzo 



Aguirre es el título de la exhibición que hemos visitado tutelados e informados por una de las encargadas del Museo, en nuestro grupo ha sido Alicia, en el otro, Ana. Gracias. Consta de 115 obras.

¿Por qué hablo de descubrimiento? Pues por dos razones, ya que se trata de un pintor del que no había oído hablar. De otra, porque el tal pintor, aunque había nacido en Pamplona en 1884, se sintió pronto muy cerca de la Terreta por motivos varios. Se formó como pintor bajo la tutela de otro alicantino, el alcoyano Lorenzo Casanova, éste sí me era conocido por haber vivido en el barrio de pintores, en la calle del Pintor Aparicio. La visita se inicia con imágenes que intentan contextualizar al personaje y que resultan evocadoras para los que tenemos una edad: el viejo Club de Regatas, los balnearios del Postiguet, la construcción de la estatua a Canalejas... Dejo aquí, a modo de presentación un autorretrato de 1929.


Viajó a París a principios del XX para completar su formación y acabó en Madrid pintando "monos", que es como se llamaba entonces a las caricaturas que se publicaban en los periódicos, como El Fígaro. Se trataba de carboncillos y guaches desenfadados, entre la sátira y el humor, como suelen, siempre relacionados con la realidad: la gripe "inglesa", o las actrices de moda, incluso Dª María Guerrero, tocada con sombrero y lazo. Desde ahí era fácil pasar al cartelismo publicitario. Al tiempo, y para conseguir estabilidad, opositó y logró plaza en el cuerpo de policía, donde acabaría ejerciendo cargos de responsabilidad durante la República. 



Tras la muerte de su primera esposa, se traslada a Alicante, donde vivía su madre. Se convierte en nuestra ciudad en un impulsor de las nacientes "Fogueres de San Chuan" (sic), para las que realiza carteles ganadores de gran formato y también diseña ninots. A la vez trabaja la acuarela y el óleo en retratos intimistas como el de su madre, su mujer y sus hijas, y en paisajes de la zona de Moraira, donde veraneaba, y Banyeres. Ilustra también novelas cómicas. Su prestigio se va afianzando dentro de lo que se conoce como "Renacer Alicantino" en el que están AzorínGabriel MiróÓscar Esplá... Dejo aquí también un texto del primero que me parece acorde con los óleos paisajísticos. 




Trabajó unos bocetos murales en 1931 para el techo del futuro Palacio de la Diputación, que no acabaron de plasmarse en sus paredes. Y va de la temática social, como en "La cieguita", al desnudo de su segunda esposa, de espaldas, en la Playa de S. Juan, muy déco, influido por la tendencia imperante. 


La tranquilidad durará poco pues, fiel al Gobierno de la República, tuvo que seguirlo al exilio, que se consumó en Le Havre, con la esperanza de poder emigrar como tantos a Latinoamérica. Experimenta con técnicas nuevas, como la encáustica, a base de cera derretida, en un cuadro de un desnudo de gran formato que se expone, junto a otros prestados por un convento, en los que plasma la tarea filantrópica de las monjas que cuidaron de él en el primer penal. 


Y de nuevo, como le sucedió a Miguel Hernández, decide regresar a encontrarse con los suyos y es detenido en la cárcel de Porlier, desde donde ilustrará tres fábulas con las que se despide de sus hijas. Y allí, en 1942, será ajusticiado mediante garrote vil por "auxilio a la rebelión", cajón de sastre donde cabía cualquier hecho que permitiera deshacerse del "enemigo".  Sobre este trágico e injusto final la guía prefiere pasar de puntillas, manejando eufemismos, no sé si por indicaciones de la dirección del Museo.  El dramatismo se compensa al saber que la familia ha decidido ceder la colección completa al MUBAG, donde será restaurada y enmarcada de nuevo. Ahí estamos todos, satisfechos antes y después del recorrido.


P. S. 
A veces las "causalidades" provocan coincidencias inesperadas. Al día siguiente de la visita se representaba en el Teatro Arniches, la obra Encendidas, de Paca Aguirre (Premio Nacional de Poesía de 2011 y Nacional de las Letras Españolas de 2018), en la que realiza, por medio de una alter ego comedianta, Lola López, un recorrido por su extensa vida, dramática en sus inicios, como cuando en su obra Los trescientos escalones, recuerda su paso por París.


Y luego feliz, tras su matrimonio con el también poeta Félix Grande, y con tantos amigos que la han acompañado. La actriz va desgranando textos de Paca, con enorme fuerza, apoyada en una guitarra y un cantaor extraordinarios. Buena manera de acercarse de manera bifronte al padre y a la hija. Ambos fueron nombrados "hijos predilectos" de Alicante.

José Manuel Mora. 





martes, 4 de marzo de 2025

Abelardo de Carlos y la Moda Elegante Ilustrada, por Alicia Moreno de Carlos

 Investigación "ilustrada"

Me ha parecido oportuno etiquetar la entrada en el epígrafe de "Documentación", ya que la conferencia que se anunciaba en la sala Rafael Altamira de la Sede de la UA, tenía que ver con colecciones "ilustradas", no en el sentido del s. XVIII, que también, sino de revistas que venían bellamente "iluminadas", por usar el término que solía emplearse desde los códices medievales. Abelardo de Carlos y la Moda Elegante Ilustrada era el título que la compañera de la AAUP, Alicia Moreno de Carlos, profesora en ciclos formativos de grado superior y asociada en la U.A., se disponía a impartir en presencia de la Vicerrectora, la señora Rosabel Roig, de la directora de la UPUA, Marian Aleson y del presidente de la Asociación, Rafael Arenillas. El cartel anunciador del evento ya era bastante sugeridor. Que la ponente fuera descendiente del que daba el título a la conferencia, se explicaba por el hecho de que ella recibió en herencia una colección completa y ejemplares sueltos de otra, de unas revistas con origen en el s. XIX, propiedad de su tatarabuelo. Ello le ha permitido escribir un libro en colaboración, a partir de la investigación que ha llevado a cabo en dichas colecciones, Moreno de Carlos de la Torre, Alicia y el abogado De Carlos Bertrán, LuisAbelardo de Carlos, el editor ilustrado, Córdoba: Editorial Almuzara, 2022, que incluye un sinnúmero de ilustraciones a lo largo de sus 334 páginas.




De mis tiempos de profesor en el Módulo de Biblioteconomía, Archivística y Documentación, sé de la importancia que tienen las revistas, desde su aparición en el s. XVIII, como elemento de contenidos informativos: El MercurioLa Gaceta, dieron la oportunidad de estar informada a parte de la población hispana alfabetizada. Las que aparecen en el s. XIX, época turbulenta, van conformando lo que se conoce como "nuevo periodismo". Y ahí aparece la figura de Abelardo de Carlos, (Cádiz, 1822 - Madrid, 1884), quien empezó como librero y acabó fundando dos revistas que terminarían por lograr la transición del periodismo de opinión, al factual. La Ilustración Española y Americana (1869 - 1921) se convirtió en una de las revistas más importantes de la época. Se publicaban cuatro ejemplares al mes. Era de carácter enciclopédico y liberal. En ella colaboraron escritores consagrados, miembros de la RAE, y políticos de la talla de Castelar. También los provenientes de Hispanoamérica, como Rubén Darío, corresponsales de guerra... Incorporaba publicidad, algo pionero, y lo más importante, venían "ilustradas" con magníficos dibujos. Este "emprendedor" decimonónico fundó también el Círculo de Bellas Artes.



Es curioso que esta colección que Alicia conserva completa, no se digitalizara en su momento, dado que ello permite el fácil acceso para que los investigadores puedan rastrear las informaciones pertinentes, ya que son una fuente inagotable de datos y de imágenes que permiten conocer a través de ellas la vida de la época, y no sólo las ideas de quienes en ellas escribían.

La Moda Elegante Ilustrada salió a la calle entre 1842 y 1927, lo que resulta indicativo de la aceptación que conseguía, además de lograr ser muy influyente en su campo. Pudiendo pecar de políticamente incorrecto, diré que iba dirigida al público femenino, aunque también se acabaran incluyendo ejemplos de moda varonil e infantil. Acogió a mujeres escritoras, lo que era poco frecuente en la época. La exposición amena y clara, apoyada en las imágenes que se iban proyectando en pantalla, permitía hacerse una idea de cómo la moda había ido evolucionando. Si en el s. XVIII era marcada por la aristocracia, el XIX, siglo burgués por antonomasia, dio paso a una ampliación de sectores interesados en las novedades.  


No sólo se incluían dibujos de los diferentes modelos del vestir, sino también de los tocados para la cabeza, o los peinados, amén de todo lo que una señora debía llevar consigo: guantes, bolso, sombrilla.. En otras partes se incluían patrones que posibilitaban la confección a quien dispusiera de las primeras máquinas de coser. También se presentaban los artilugios que se llevaban bajo la ropa para conseguir las formas deseadas: corsés, miriñaques, crinolinas, hechas con crines de caballo, lo que convertía los vestidos en altamente inflamables.  


A través de la revista se fue imponiendo la costumbre de agrupar los modelos por temporadas, cosa que todavía se mantiene. Hubo que esperar a 1869 para que apareciera el primer traje de baño femenino. La industrialización trajo como consecuencia un cambio en los tejidos, en los tintes, en la forma de tratarlos... Tras la Primera Guerra Mundial llegó una mayor libertad en el vestuario femenino, al incorporarse la mujer a trabajos de fábrica y administrativos. Se olvidaron del corsé, se acortaron las faldas, apareció el traje de chaqueta y también el deporte hizo lo suyo al ir permitiendo a las mujeres la participación en el mismo, con el consiguiente cambio de atuendo.


Bucear en todo ello ha debido de suponer para nuestra compañera Alicia, no sólo un trabajo enorme, sino un gusto por lo que iba descubriendo. La figura del tatarabuelo se fue mostrando no sólo como el editor que fue, sino como empresario de fuste, periodista y mecenas. Que al final de la exposición, el profesor Enrique Rubio, especialista en la literatura del XIX, dijera que la obra de Abelardo de Carlos no estaba ni mucho menos olvidada y que pusiera en valor el trabajo de Alicia no hizo sino ahondar en la satisfacción de todos quienes habíamos disfrutado con la magnífica exposición de nuestra compañera.  

José Manuel Mora.







viernes, 21 de febrero de 2025

Milán. Vitrina de la modernidad. MUBAG

 

Sempre l'Italia 

Visitar una exposición puede resultar algo efímero. Cuántas de las vistas a lo largo de la vida, para quienes somos aficionados a curiosear en los museos, han quedado sepultadas en el olvido más absoluto, junto con todas las emociones que la contemplación de lo expuesto nos habían suscitado. Por eso, desde que estoy en la Asociación de Alumnos de la UPUA, encargado de acompañar a quienes se apuntan a una visita, en este caso al MUBAG, me animo a redactar unas líneas sobre lo visto, intentando así que perdure algo en nuestras deshilachadas memorias.

El título es en sí sugerente, aunque no sepa yo al entrar qué es lo que la muestra alberga. Vamos de la mano de Alicia, guía a la que ya conozco de anteriores ocasiones, y que está muy preparada, lo que hace que sus explicaciones no sean la mera repetición sin alma que se suele dar en muchos museos. Y, en la breve introducción temporal de lo que vamos a ver, deja perfectamente establecido el periodo que abarca. Lo que desconocía es que fuera tan rico y variado como veremos que sucede. La muestra incluye a 41 artistas provenientes de pinacotecas públicas y privadas. Arranca con la Exposición Universal de Milán en 1906, fecha en la que se cumplía el 50 aniversario de la Unificación. Como suele suceder, los países que las organizan pretenden dar una visión de modernidad ante el mundo que las contempla, asociada a los avances tecnológicos. Los pabellones de arquitectura modernista eran una carta de presentación, como también el cartel anunciador, con la figura del Mercurio alado de espaldas con una máquina de tren que viene hacia el espectador. No en balde se acababa de inaugurar el túnel del Simplon, que comunicaba el Piamonte con Suiza, lo que suponía un gran avance en las comunicaciones. 

 

Es el tiempo del Posimpresionismo, que en Francia se ha convertido ya en el Puntillismo. Los italianos no quieren ser menos y deciden denominar a su movimiento coetáneo Divisionismo, dada la técnica que emplean en sus lienzos, formada por divisiones mínimas de color que acaban produciendo una sensación de conjunto en la que la división termina por completo difuminada. Las temáticas son claramente finiseculares. Descubro con sorpresa que uno de los cuadros de esta tendencia es el conocidísimo Quarto Stato, gracias a que fue la imagen inicial en la película Novecento, que dirigió Bertolucci. Es obra de Giuseppe Pelliza da Volpedo, nombre que he de reconocer que no recordaba, aunque sí la imagen imborrable cuando se ve en directo, dadas sus proporciones: 543 x 285 cms. 

 

En 1909 surge una nueva modalidad pictórica asociada al manifiesto que el poeta Marinetti firmó con el nombre de Futurismo. Sus ideas servirían después para dar carta de naturaleza intelectual al fascismo de Mussolini. Iban asociadas al movimiento, a la velocidad, al dinamismo. Y ello se intentaba plasmar en los lienzos con colores estridentes y ocupaciones de la superficie que acaban conformando imágenes que se van acercando a la abstracción. Y ahí estaba Giacomo Balla, y Umberto Boccioni que, además de pintar, esculpía.

La Primera Guerra Mundial rompió con todas estas dinámicas y, aunque muchos de ellos participaron en la contienda con auténtico ardor guerrero, la vuelta de los campos de batalla acabó con el movimiento. Roberto Marcello Baldessari es un buen exponente de ese desencanto, que lo llevó a intentar trasladar los sonidos a los lienzos. 


Como suele pasar tanto en la pintura como en la literatura, se producen movimientos pendulares. Acabada la contienda hay una vuelta a la figuración, como una intento de recuperar el orden que el academicismo proporcionaba, el Novecento Italiano. Regresan los bodegones, los retratos, aunque con otro acento: algunas figuras de espaldas, volumétricas, en composiciones novedosas. L'Addio, 1917, de Anselmo Bucci, que es la imagen de la muestra, quiere ser la figura de una mujer que dice adiós con un pañuelo a un tren que se aleja. El pañuelo se mueve en el aire, el tren penetra en su figura y forma parte de ella. Nunca se vuelve a lo mismo.


Muchos artista italianos, atraídos por el glamur de París, deciden trasladarse a la capital francesa, donde están trabajando los grandes. Amadeo Modigliani puede ser uno de los más representativos de los conocidos como Les italiens de Paris. Tanto el livornés, como Picasso se han visto seducidos por el arte de las máscaras africanas y, cada uno a su modo, presentan cabezas que parecen esculpidas en madera. Gino Severini es otro de los que pintan atraídos por los personajes de la Commedia dell'Arte, como también le sucedió al malagueño con sus arlecchini de la época rosa. Giorgio de Chirico sería uno más de los que viajó a París y se desenvolvió en un estilo que él denominó metafísico, con espacios de ciudades vacías e inquietantes. Acabó alistándose para combatir y aunque dejó honda huella en los surrealistas, a la vuelta ya nada fue como antes.



Entre los años 30 y 40 surge una nueva corriente, el Abstraccionismo histórico italiano. Viene influido por los grandes pintores de la abstracción europea, Kandinski, Mondrian... Muchos están asociados al diseño industrial, que en Milán tenía mucha fuerza. Hay en la exposición algunos ejemplos de lo elaborado para la confección que me han resultado modernísimos, siendo de hace ya casi cien años. Lucio Fontana podría ser un representante de esta línea de diseñadores que va pareja con la conocida como Corrente, en la línea de los expresionistas y fauvistas. Todo ello quedó truncado con el bombardeo de la capital lombarda en 1943. La exhibición se acompaña de fotografías que ilustran el contexto histórico y además de un vídeo que comenta lo que se ha visto.


Está claro que en una visita de apenas una hora y con cerca de treinta personas, no se puede apreciar del modo en que se hace cuando uno va a su propio ritmo. Hemos sido disciplinados y hemos seguido con interés las explicaciones. Habrá que volver, aprovechando que se mantendrá expuesta hasta el 4 de mayo de este 2025. Ha sido un placer.

José Manuel Mora.







sábado, 14 de diciembre de 2024

"Lazarillo". Una propuesta de autoría

 

diciembre 12, 2024

Lázaro de Tormes sigue sorprendiendo

Ayer tarde tuve entre manos una enorme madalena proustiana, y me explico. La AAUP había programado una conferencia en la sede de Canalejas, a cargo del profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, José Juan Morcillo Pérez, con el sugerente e intrigante título de "Lazarillo de Tormes, una novela forense de un jurista toledano". Como no tenía noticia del investigador ni de sus trabajos filológicos, iba con cierto escepticismo.


Y de repente su ponencia me retrotrajo al luminoso tiempo de mi juventud salmantina, en mis años de estudiante de Lenguas y Literaturas Románicas. Para mis sedientos oídos de novedades sobre obras que conocía desde bachillerato, las clases de Estilística impartidas por Lázaro Carreter, que acabó dirigiéndome la tesina de licenciatura, o las de Ricardo Senabre, con las suyas de Historia de la Lengua, me abrían horizontes detallados que enriquecían mis lecturas ingenuas. La Historia y Crítica de la Literatura Española, coordinada por el profesor Francisco Rico, me sirvió para preparar la oposición, lo que completé con la edición crítica de la novelita, del 92, del mismo Rico. Pensé que ya sabía suficiente. El profesor Morcillo vino a desmontarme la creencia. Si hay curiosidad, uno no deja de aprender, a pesar de estar jubiladísimo. Tras esta larga introducción paso a comentar lo que se expuso.

 Ya el título provocaba interés. ¿Qué era eso de "novela forense"? Todos hemos estudiado la obra como la fundadora del género picaresco, con forma epistolar, dirigida a un "vuesa merced". La propuesta del conferenciante es que se trata de un juez, ante el que Lázaro está declarando para descargarse de la posible culpa por permitir que su mujer sea la barragana del arcipreste de San Salvador. De ahí el adjetivo de "forense", relativo aquí al ámbito de un "caso" judicial, al que no sólo asiste el compareciente, Lázaro de Tormes, sino los lectores. Este tal Lázaro, nacido en Tejares, es de linaje infame, padre ladrón, madre medio bruja. Ello en teoría le habría impedido alcanzar el oficio de pregonero en Toledo. Pero el arcipreste parece ser amigo de "vuesa merced", lo que habría permitido la colocación del de Tormes. Hablamos pues, y ya entonces, de justicia corrupta. Ello enlaza con la autoría del "jurista toledano" del título.


 Y ahí vino mi segunda sorpresa. De un modo concienzudo, con citas que apoyaban su razonamiento, el profesor Morcillo sostiene que el autor es nada menos que Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, jurista respetado de Talavera de la Reina y conocedor del mundillo jurídico. Los paralelismos estilísticos, estructurales, me dejaron con la boca abierta. No puedo consignarlos aquí, porque sólo escuchaba admirado y convencido. El ponente nos comunicó que el profesor García de la Concha, había avalado su trabajo. Queda pendiente la publicación de su libro, que seguramente trastocará lo conocido y es posible que provoque debate entre los especialistas. Yo agradecí que me devolvieran a mi Salamanca juvenil, a mis tiempos de preparación de clases con lo último que se hubiera publicado al respecto, para transmitir a mi alumnado la historia como algo vivo, que los animara a sumergirse en la lectura y disfrutar como yo lo hice con apenas catorce años. No deja uno de aprender. Agradezco desde aquí al conferenciante y a la AAUP que hayan hecho posible este descubrimiento para los que asistimos y que, de confirmarse, sería un auténtico terremoto, al contradecir a Rico, quien concluía en el prólogo de la edición citada que "El Lazarillo, nacido apócrifo, sigue en su imperturbable anonimato" (pág. 44).

P.S. Queda claro que ardo en deseos de volver a releer la historia del sobreviviente y pícaro muchacho.

José Manuel Mora.