Balcanes X
Ohrid
El desayuno aquí se sale de lo habitual. Hubo que pedirlo ayer al llegar, mirando fotos de una "carta". No todos están contentos. El zumo es aguachirle. Se salva el café. Salimos con una guía local que habla la friolera de trece idiomas. El bus nos lleva bordeando este lago que aspira a mar y que es uno de los más antiguos del mundo. Su profundidad alcanza lo 300 m. de aguas de enorme pureza, ya que se nutren de ríos y de las que provienen del Prespa que ya vimos ayer. Comparte riberas con Albania, cuya costa vemos enfrente. A nuestras espaldas queda el macizo de Galichica, con alturas de más de 2000 m. Para hacerse una idea, dejo las medidas en kms: 30 de largo por 14 de ancho. Vamos a la Bahía de los Huesos, cuyo poblado visitaremos. Dicen que es el destino más seductor del país.
A la salida, y mientras gran parte del grupo va a ver cómo se fabrican aquí las perlas de forma artesanal, yo me descalzo y me meto en el agua hasta la rodilla. Está para bañarse, pero no hay tiempo. El lugar está preparado para la temporada estival con tumbonas incluidas y lugar para los socorristas protegidos del sol. No hay nadie hoy, lo que aumenta el encanto del sitio ante un horizonte que se presume infinito.
Hay que armarse de valor para encarar la empinada cuesta que lleva a Santa Sofía (s. XI), convertida en mezquita en su momento, y por lo tanto raseada. Allí se nos dice que está prohibidísimo hacer fotografías. Es una lástima porque las pinturas prerrenacentistas (s. XIV) son bellísimas y suponen una ilustración completa del Antiguo y el Nuevo Testamento. Era la manera de que los iletrados de la época tuvieran acceso a las historias bíblicas. Nadie se atreve aquí a piratear fotos. Y a pesar de la prohibición, encuentro en mi ábum de fotos estas dos que dejo. San Guguel dice que corresponden a la catedral. ¡Qué lío tengo en mi cabeza, a pesar de la bitácora! Consecuencias de escribir de noche y cansado.
José Manuel Mora.
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