martes, 14 de abril de 2026

VIAJE A EXTREMADURA II: Mérida, Badajoz, Parque Natural de Monfragüe, Cáceres, Trujillo y Guadalupe 6 al 11 de abril 2026

 

Mérida-Badajoz



Roma desenterrada

El día se inicia con un recorrido panorámico por Mérida, para que nos hagamos una idea de la ciudad desde el autobús. Hay viajeros todavía con cansancio del largo trayecto de ayer, que no van a ver mucho desde sus ventanillas. Hay una leve amenaza de lluvia (nuestros héroes todavía no saben lo que les espera). Alguna de las cosas que se van a perder son: el acueducto de S. Lázaro, de tiempos romanos, dos pisos y extremadamente largo; otro del que quedan sólo vestigios, el de los Milagros; uno más moderno de nuestro paisano, Calatrava, que salta limpiamente el Guadiana; el antiguo circo romano, ahora un espacio rectangular tapizado de verde césped... No quiero aburrir.





Y así, Francisco, nuestro conductor, nos deja a tiro de piedra del Museo Romano, obra del gran arquitecto R. Moneo. Desde allí nos encaminamos hacia las ruinas de lo que luego sabremos que es la parte trasera del teatro. Pero antes vamos a visitar el circo, donde se producían combates imposibles de gladiadores, y entre ellos y las fieras, ante un público al que se contentaba con el clásico panem et circenses, y que se situaba en las gradas según su clase social. Las explicaciones de nuestra guía, Encarna, son curiosas, pertinentes, y muchas de ellas vienen a modificar tópicos de la filmografía "jolivudense" de las pelis "de romanos". No quiero pasar al teatro sin dejar constancia de un árbol que no sé si forma parte del decorado, tal es su belleza.





Muy cerca se halla el teatro del s. I a.n.e., muchos siglos sepultado, recuperado y restaurado tras la excavación que lo descubrió entre 1910 y 1915. La Xirgu, durante un viaje hacia Badajoz donde actuaba, quedó impresionada ante el teatro. Desde 1933 comenzaron en él las representaciones y actuó en una obra de Séneca. Cuando nos situamos frente a él, tenemos una grúa en tareas, ¿de limpieza?, que impide que se puedan captar panorámicas sin su presencia actual. Rafael me enseña a borrar, gracias a la IA, lo que molesta en una toma determinada, y sin salir de mi asombro, consigo que se aprecie el lugar de forma parecida a como se muestra en las fotos promocionales del Festival de Teatro, que tanto aporta a la cultura del país y a la economía de la ciudad. Parece el sitio adecuado para un posado conjunto luciendo las camisetas del aniversario. Rafael Buisan suda lo que no está en los escritos hasta conseguir situarnos a todos del mejor modo posible. En la parte trasera están las letrinas y la escultura de la Xirgu.





Si ya nos deslumbró la primera vez que lo visitamos hace años ahora, con nuestra guía explicando cada sector, la admiración va en aumento. Aquí todas las piezas son originales. El uso del ladrillo dota de uniformidad y armonía al conjunto y da un aire "romano" a la edificación, monumental, debido a la inclusión de una columna en la sala principal, que obligaba a dar altura a los techos, con lucernarios que dejan pasar la claridad. Todos quedamos asombrados ante los colosales mosaicos parietales, que originariamente estaban dispuestos en el suelo de las casas patricias, unos geométricos, otros con figuras, como el de la cuadriga.





Y vamos ya al restaurante, el Cachicho, donde provocamos una auténtica conmoción. Mientras todos comen auténticas delicatessen, yo me tengo que someter a la estricta dieta asignada por Marisa: pollo plancha y arroz blanco. El ambiente es como suele, festivo y más, tras los vinos que se toman quienes pueden. Luego volvemos al Parador, donde nos espera Francisco para llevarnos a Badajoz. Tengo idea de haber estado allí de pasada. Si lo hice, no guardo recuerdo. El guía nos espera ante la Puerta de Palmas (s. XVI), una de las que en la muralla protegían la entrada y salida de la ciudad, encarada al puente que lleva su mismo nombre y que es de la misma época. Salta con solidez sobre el Guadiana. La puerta es monumental, con dos torres almenadas que flanquean un gran arco. Su función era militar, dado el número de combates que la ciudad padeció en sucesivas guerras. Sirvió también como cárcel hasta el siglo pasado. Los medallones en la parte trasera retratan al emperador Carlos y a su madre, Juana de Castilla y bajo ellos el almohadillado en casetones, típico renacentista.



Nos adentramos en la parte nueva de la ciudad. Nos encontramos con edificios llamativos. Uno de ellos tiene un aire moruno, neomudéjar, monumental, dedicado en tiempos a comercio. Ha sido restaurado y luce atrayente por sus formas y colores, sus balconadas de forja, sus arcos lobulados y una torre que es casi una giraldilla. Enfrente, una extraña iglesia de tres plantas, lo que es poco habitual, toda blanca. Y a su lado, compitiendo en blancura, otro que es ahora un hotel, cuidadosamente repintado, antigua tienda de juguetes y ahora cafetería, "Las tres campanas" (1899), en cuya planta baja, muy art nouveau, se encuentra el primer ascensor que se montó en Badajoz. En medio de la sala de dos alturas, un hueco helicoidal que sube hasta el ojo de luz natural allá en lo alto, con forma de claraboya de cristal.



Y comenzamos la ascensión por callejas estrechas de aire andalusí, mientras el aroma a azahar se descuelga sobre nuestras cabezas. Vamos a la alcazaba hispano-árabe (ss. IX al XIII), la más grande de Europa. Fue luego fortificación cristiana, nada menos que 1300 metros de muralla que se ha ido restaurando hasta casi la actualidad. Se penetra en ella a través de la llamada Puerta Capitel, con forma de herradura. Desde su paseo almenado se divisa el río y alguno de sus puentes. Al otro lado, La Raya, término con el que se conoce aquí a la frontera con Portugal, país al que se puede cruzar caminando en dirección a Elvas, con la que siempre hubo rivalidad. Desde que formamos parte de la U.E. todo eso se ha ido desvaneciendo y hay un aire de confraternización entre ellas. En el interior de la fortaleza, lo que fue Hospital Militar es ahora la Biblioteca de Extremadura y la facultad de Biblioteconomía, lo que me retrotrae a mí época de profesor de la materia en el Módulo que da nombre al blog.




Volvemos a salir en dirección a la parte alta de la ciudad, anteriormente zona muy degradada. Que el Ayuntamiento decidiera rehabilitar la Plaza Alta y ubicar en ella residencias de estudiantes y organismos oficiales, ha transformado por completo el espacio. Llaman la atención las conocidas como Casas Coloradas. Está toda porticada, ya que en ella se ubicaba un antiguo mercadillo. Al fondo se alza una torre octogonal, llamada de Espantaperros y en la que se inspiró la Torre del Oro sevillana. Badajoz celebra uno de los carnavales más importantes de España y también acoge la juntada de los "palomos cojos", que atrae a población gay a pasarlo bien en el mes de junio. Lo que fue una salida de tono del alcalde de entonces, se ha convertido en Fiesta de Interés Turístico Regional, con todo lo que eso conlleva. Ya parece que no molestan a nadie, antes bien son muy bien venidos. Quedan pintadas reivindicativas.





Y conforme vamos bajando hacia el autobús, con una leve llovizna sobre nosotros, aún hay tiempo de descubrir la Plaza de la Catedral, edificios finiseculares y la curiosidad de una escalera en el interior de una manzana que pertenece a la Diputación. No hay tiempo ya para detenerse, puesto que aún tenemos que regresar a Mérida.




Tras todo este relato y con la lluvia arreciando tras los cristales del limpiaparabrisas, se entenderá que la gente se disperse por las habitaciones en busca del merecido descanso.

José Manuel Mora.

P.S. Por no liar más la cosa, casi todas las fotos que pongo aquí son las que yo mismo he disparado, salvo alguna que he birlado del "guasa" comunitario. Seguro que Montse, los Rafas y tutti quanti las tendrán más bonitas. No me quiero complicar más, que bastante largo y pesado he sido ya.